Capítulo 4: De compras con Zander

2493 Words
Zander Cuando salí del baño, me puse una camisa, pantalones de vestir y mis zapatos, y luego, caminé hacia su habitación. —Liz —dije, mientras llamaba a la puerta. Ella abre y su cara todavía está roja, quiero reírme, pero sé que está avergonzada. —Lo siento mucho, Zander; tu puerta estaba abierta. Solo quería un cinturón para atar el suéter —dice, mirando hacia abajo. —Está bien, nunca cierro mis puertas, así que es mi culpa. ¿Te gustó lo que viste? —pregunto, y ella me mira con los ojos muy abiertos. —Yo no… yo no… —tartamudea y empiezo a reírme. —Estaba bromeando. Está bien, no te preocupes. No es nada que no hayas visto antes. Cuando tienes una erección por la mañana, necesitas arreglarlo —digo y ella sonríe. —Lo siento de nuevo —dice. —Iré a buscarte un cinturón, y luego, podemos ir a comer algo. Después del desayuno, podemos ir al centro comercial —digo, y ella asiente. Voy a buscar un cinturón, y ella me espera fuera de mi habitación. Realmente quiero reírme, pero me contengo. Ella se ve tan jodidamente sexy con mi ropa y con su cabello rojo atado en un moño desordenado. Está usando sus pantalones de ayer, y me alegra. Por muy sexy que sean sus piernas, hace un frío tremendo afuera. Ella toma el cinturón y lo ata alrededor de su cintura. Debo admitirlo, se ve muy a la moda. —Se ve mejor en ti que en mí —digo, mientras bajamos las escaleras. —Lo dudo, pero gracias por intentar hacerme sentir mejor —dice. —Lo decía en serio —digo, y ella solo me mira y sonríe, pero se queda callada. Ambos nos sentamos en la mesa del comedor que ya estaba puesta para dos. —¿Cuándo hiciste todo esto? Estabas ocupado… —me pregunta pero no termina. —¿Ocupado masturbándome mientras me mirabas? —pregunté y ambos estallamos en risas. Rosa entra con una gran sonrisa y algunos platos. —Buenos días, Rosa, ella es mi amiga, Liz. Se quedará aquí por un tiempo. Su habitación está frente a la mía. Por favor, cuida de ella cuando no esté aquí. Liz, ella es Rosa, mi niñera —digo, y Rosa se ríe. —Si no tienes cuidado, te daré una buena paliza —dice Rosa, y yo me río. —Rosa es mi ama de llaves y como una madre. Ha trabajado para mi familia desde que era pequeño. En realidad, fue mi niñera, así que ahora piensa que todavía necesita cuidarme —digo, y Rosa me fulmina con la mirada. —Si encontraras una buena mujer como la señorita Liz aquí, entonces no necesitaría estar cuidándote —dice Rosa, y yo me río. Mentalmente, celebré con Rosa, y ella debió saber lo que estaba pensando, porque me guiñó un ojo. —Es un placer conocerte, Liz. Él nunca trae a nadie a casa. Debes de ser especial —dice Rosa. —No, no es así. Solo somos amigos —dice Liz, pero Rosa solo le guiña un ojo y yo sacudo la cabeza. —Ya veremos, coman ustedes dos —dice Rosa y desaparece. Liz me mira y yo me río. —No le hagas caso, se está volviendo mayor y olvidadiza —digo y ella se ríe. —¡Escuché eso, imbécil! —grita Rosa, y ambos nos reímos. Liz Desayunamos y charlamos. Intento actuar como si nada estuviera mal, pero no puedo sacar de mi mente la imagen de él masturbándose en la ducha. Eso fue muy sexy, y me fui corriendo porque me estaba excitando. Está muy bien armado y la forma en la que se acariciaba el pene era pura perfección. No he visto muchos, pero definitivamente es enorme. Kyle no es tan grande y sus bolas cuelgan mucho. Todo el cuerpo de Zander es pura perfección. Ahora, me pregunto si es tan bueno en la cama como sospecho que es. —¿Me escuchaste?— me preguntó Zander. Me había desconectado por completo. —No, lo siento. ¿Qué dijiste?— le pregunté. —Te pregunté si estabas lista para irnos. ¿En qué piensas?— me pregunta y no puedo evitar sonrojarme. —Ah, ya sé— dice, y se ríe mientras se levanta. —Vamos, pervertida— dice, y momentáneamente, pierdo el equilibrio por la sorpresa que me genera su comentario. Me atrapa antes de que resbale y me sostiene, justo con sus manos en mi cintura. —Solo estaba bromeando, eres muy fácil de molestar— dice, frotando distraídamente círculos con sus pulgares en mi vientre. O al menos creo que no se da cuenta de lo que está haciendo. ¿Será que le intereso? Me estabilicé y me aparté de su agarre. Inmediatamente, sentí la ausencia de sus manos cálidas. —Solo me tomaste por sorpresa— digo, y él asiente, y yo empiezo a caminar hacia la puerta. —¿Tu coche o el mío? O podría seguirte si tienes que ir al trabajo— dije, mientras él se acercaba. Me da un abrigo para que me lo ponga y se pone el suyo. Es un poco grande, pero tendrá que servir. —Nos llevará mi chofer— dice y abre la puerta. Hay un SUV n***o estacionado al frente con un conductor esperando para abrir la puerta. Me ayuda a subir y luego, se sienta a mi lado. —¿Normalmente llevas chofer?— le pregunto. —La mayoría de las veces, cuando voy al trabajo. Suelo conducir yo mismo cuando sé que tengo compromisos después del trabajo. Pero hoy, quiero darte toda mi atención— dice, y sonrío. Tengo tantas cosas en la mente, así que miré por la ventana, tratando de resolver el desastre de mi vida. —¿En qué piensas?— Zander me preguntó, sacándome de mis pensamientos. —¿Me estás ayudando porque piensas que soy patética y un caso de caridad?— le pregunto, y él me mira con el ceño fruncido. —¿Por qué me preguntas eso? Y no eres para nada patética— dice. —Simplemente, no entiendo por qué estás haciendo todo esto por mí— digo. —Mereces que te cuiden. Solo permite que alguien te cuide por una vez, ¿de acuerdo?— dice, mientras toma mi mano y la aprieta. Sonrío, pero hay tantas cosas pasando por mi mente, que estoy dudando de mí misma. —Deja de darle tantas vueltas, Liz— dice. —¿Lees mentes también?— le pregunto, y él se ríe. —No, tu rostro revela tus emociones. Esa es una de las cosas que me gustan de ti. Nunca puedes ocultar cómo te sientes realmente. También, por eso supe que estabas pensando en mi pene antes— dice con una sonrisa, y le doy un golpe en el brazo. —Idiota— digo, y ambos nos reímos. Llegamos al centro comercial, y entramos. Noté las miradas que recibí de los transeúntes, pero no me importó. Hay decoraciones navideñas y música por todas partes y todos parecen estar en un ambiente festivo. Él me lleva a una boutique y entramos. Empiezo a mirar los estantes y su teléfono suena. Lo mira y frunce el ceño. —Está bien, puedes contestar. Seré rápida— dije. —Solo dame dos minutos, es de la oficina— dijo, sonreí y asentí. Él sale y toma la llamada, mientras yo sigo mirando. Veo un vestido que me gusta, miro la etiqueta del precio y casi me desmayo. —¿Trece mil dólares por esto?— dije en voz baja. —Sí, todo aquí es hecho a medida. Dudo que puedas siquiera permitirte mirarlo. Ahora, sigue andando. Hay un Walmart a tres cuadras, que está más a tu nivel— dice una asistente de ventas con una voz nasal y una nariz respingada. Me mira de arriba abajo y se burla de mí. —¿Les hablas así a todos tus clientes?— le pregunto. —Solo a los pobres, ahora hazte un favor a ti misma y lárgate— dice. —Hoy no, Satanás, hoy no. Eres una bruja muy grosera, ¿y sabes quién es una bruja aún más grande?— le pregunté, y ella me miró con una ceja levantada. —¿Quién? ¿Tú?— me pregunta y se ríe. —No, el karma, y espero que te dé una buena dosis de realidad muy pronto— le digo, me doy la vuelta y salgo. Zander todavía está en su llamada, así que espero en silencio hasta que se da la vuelta. Me ve y cuelga. —¿Por qué estás afuera? ¿No viste nada que te gustara?— me pregunta. —Sí, pero me dijeron que no podía comprar allí— digo y me encojo de hombros. —¿Por quién?— me pregunta, y señalo hacia la vendedora. —Ven conmigo— dice, toma mi mano y me lleva de regreso a la tienda. Se acerca directamente a ella y mira su placa. —Por favor, explícame por qué mi amiga no puede comprar aquí— le dice. Ella nos mira a los dos y se burla. —Ni siquiera puedes permitirte mirar esta ropa, mucho menos comprarla. Deja de hacer un escándalo y vete. Estás molestando a los clientes que pagan. Vete a ser pobre a otro lado— dice, y yo observo alrededor. Literalmente, no había nadie en la tienda. ¿Está loca esa perra o qué? —Entonces, ¿estás diciendo que no nos atenderás porque somos pobres?— le pregunta, ella asiente y lo mira con desprecio. —Dejen de hacerme perder el tiempo y lárguense, los dos— dice. Él la mira con incredulidad y yo le tiro de la mano, y le pido que nos vayamos, pero él niega con la cabeza. Saca su teléfono y hace una llamada. —Hola, Cindy— dice, la chica escucha y se ríe. —Como si conocieras a la dueña. Maldito don nadie— dice la asistente de ventas. —¿Escuchaste eso, Cindy? Estoy en tu tienda con una querida amiga mía. La estoy consintiendo con un nuevo guardarropa, y pensé en traerla aquí, porque sé que necesitas las ventas. Pero tu vendedora, Candice, ha decidido que debemos largarnos porque ni siquiera podemos permitirnos mirar la ropa de este lugar. Ahora, puedo ver por qué tus ventas están bajas— dice con un tono alegre. Demasiado alegre, porque literalmente puedo sentir su enojo. —Está bien— dice y termina la llamada. —Por favor, deja de actuar como si conocieras a la dueña. Se están avergonzando. Salgan de…— dice, pero no termina porque su teléfono suena. Ella contesta y luego, sus ojos se abren de par en par al mirarnos. —Sí señora— responde. —No, yo… lo siento, no sabía— dice, y luego, aparta el teléfono de su oído. Observó a Zander con los ojos muy abiertos y luego a mí. —Lo siento mucho, señor Caine, no sabía quién era usted. Por favor, tomen lo que quiera la dama, por cortesía de la casa— dice, y Zander pone los ojos en blanco. —Esa disculpa ni siquiera fue convincente— dice, luego me mira. —¿Había algo que te gustara, o quieres ir a otro lado?— me pregunta. —Realmente, no tuve mucho tiempo. Hay un vestido, pero es demasiado caro— digo. —Muéstremelo— me pide, camino hacia el vestido y se lo muestro. —Vamos a llevarnos esto— dice, entregando el vestido a la vendedora. Luego, camina alrededor y comienza a sacar prendas de los estantes y se las da a ella. —Talla 6 en todos esos y talla 8 en todos estos— dice, señalando los zapatos. —Esto es demasiado, Zander— digo, pero él toma mi mano y me lleva al sofá. —No, no lo es, pero servirá por ahora. Podemos ir a ver otras tiendas también— dice y se agacha para quitarme los tenis. Lo observo con el ceño fruncido. —¿Vendes zapatos en tus ratos libres también?— le pregunto y él se ríe. —No, solo sé lo que me gusta ver en una mujer hermosa— dice simplemente, y yo solo lo observo, sin palabras. —¿Cómo sabes mi talla?— le pregunté. —Rosa me envió un mensaje. Ella lavó tu ropa de ayer— dice y yo asiento. Toma un par de sexys stilettos puntiagudos del estante y verifica la talla, antes de ponérmelos. Es un par de zapatos muy bonito. Después, va a buscar el primer vestido que me gustó y me lo entrega. —Ponte esto— dice, yo asiento y me alejo para cambiarme la ropa al vestido ajustado blanco y n***o con un escote pronunciado y una abertura hasta el muslo. ¡Vaya! Me siento sexy. No es exactamente lo que usaría un lunes, con este clima, pero caray, me veo bien. Salgo para mostrárselo y sus ojos recorren mi cuerpo. —Te ves impresionante, realmente deslumbrante. Puedes usar eso esta noche. Te voy a llevar a cenar. Tal vez, cámbiate a esto. Todavía tenemos más tiendas por visitar y esos tacones no son para ir de compras— dice, entregándome unos vaqueros y un jersey para usarlos ahora. Veo que también hay algunos abrigos de mi talla. —¿Estás seguro de que no eres una chica en secreto?— le pregunto y él se ríe. —Te dije, sé lo que me gusta ver en una mujer hermosa— dice, sonrío y regreso al probador. Me cambié rápido y puse el vestido y los tacones en el mostrador. Él me entrega un par de botas largas que combinan con el conjunto, y me ayuda a ponérmelas. —Ahí, todo listo para un día conmigo— dice, yo me río y sacudo la cabeza. Le pasa la tarjeta a la vendedora, pero ella niega con la cabeza. —La señora Cindy dijo que puede llevarse lo que quiera, cortesía de la casa— dice. —No, solo cóbranos. Mi chofer vendrá a recoger las bolsas y mi tarjeta— dice Zander, después toma mi mano y me lleva fuera de la tienda. —¿Es prudente dejarle tu tarjeta?— le pregunté. —No se atreverá a hacer nada. Tal como van las cosas, se quedará sin trabajo. Marlon ya está en camino, y una vez que se vaya, la seguridad del centro comercial vendrá a escoltarla fuera de la tienda. Cindy está en camino ahora— dice. —¿Es tu amiga?— le pregunté. —Cliente de la firma, convertida en amiga. La ayudé con su divorcio y a abrir esa tienda— dice mientras caminamos, todavía tomados de la mano. Debo admitir que se siente bastante bien.
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