—También puedes llegar en barco, evidentemente —explicó Gina—. Si por casualidad conoces a alguien que tenga uno. Pero si te quedas allí atrapada, tienes que llamar al bote salvavidas de los voluntarios y a esos chicos no les gusta utilizar sus recursos en gente tonta, ¡recuerda mis palabras! Yo lo he hecho y me llevé una buena bronca cuando hablé con ellos. Por suerte, se estuvieron riendo con mi don de palabra hasta que llegamos a la orilla, y ahora nos llevamos todos muy bien. Chester empezó a tirar de su correa, como si intentara llegar a la isla. —Creo que él lo sabe —dijo Lacey. —Quizá sus antiguos propietarios lo llevaban a pasear hasta allí —sugirió Gina. Chester ladró, como si lo confirmara. Lacey se agachó y le alborotó el pelo. Hacía mucho tiempo que no pensaba en los antig

