CAPÍTULO SEIS Las primeras personas que llegaron para la subasta fueron los miembros de la English Antiques Society. Habían llegado a la tienda en un minibús, pues habían aprovechado para hacer una excursión de un día. Cuando Lacey les mostró la sala de subastas, murmuraron con admiración ante todas las decoraciones de temática náutica y el té y las pastas que una vez más se les ofrecían. —Ya sabes cómo mimarnos —dijo Roger, el portavoz de mejillas rosadas no oficial de la sociedad. El lugar empezó a llenarse. Lacey vio que un montón de sus comerciantes de antigüedades entraban juntos, y se fijó en que alguien con el pelo teñido de un rubio brillante se paseaba por detrás de ellos, un poco insegura. Era Brooke, del salón de té. Lacey se acercó a ella. —¡Brooke! No esperaba que viniera

