—Te creo, lo siento, es que no me lo esperaba, es algo de mal gusto —chasqueo con los dientes—, y ahora que estás aquí podemos empezar de nuevo. Ash, parezco una maldita adolescente, ¿celos? Por Dios, ya estoy demasiada vieja, para eso—de un pequeño impulso travieso le quito la toalla. —Oh, traviesa, ¿quieres jugar? —asiento. No es lo que tenía pensado minutos atrás, solo quiero olvidar, quiero disfrutar cada segundo con él, quién sabe, puede que todo esto se acabe. —Por favor, no me lo niegues —suplico al mismo tiempo que me quito la bata. Ahora, está desnudo, masajeándose la polla mientras yo camino hasta él y de un impulso lo empujo, hacia la cama, quedando él sentado, me siento encima e introduzco su m*****o en mi interior. Un grito se escapa de mis labios al sentirla tan dura y g

