* Mis ojos recorrieron cada rostro, tratando de leer lo que se escondía detrás de sus miradas. Había una clara división entre ellas: algunas mostraban una inocencia deliberada, otras una confianza calculada. Pero todas sabían lo que estaba en juego. —Clara —dijo la última chica, su voz tan suave que casi se perdía en la habitación. Mis ojos se detuvieron en ella. No porque fuera diferente a las demás, sino porque había algo en su manera de sostener mi mirada que me hizo detenerme. No bajó la vista, no mostró duda. Me miró como si ya supiera lo que iba a decidir, como si estuviera segura de que no había otra opción para mí más que elegirla a ella. Elena se acercó a mi lado, su perfume envolviendo mis sentidos. Su presencia era siempre como una brisa helada, recordándome en qué terreno m

