++++ Al amanecer, abrí los ojos lentamente, sintiendo la suave caricia de los primeros rayos del sol, filtrándose por las cortinas. Pero lo que realmente me despertó no fue la luz, sino los besos de Andrew. Él había encontrado una manera de hacer que el inicio de cada día fuera perfecto. Sus labios recorriendo mi cuello, susurrando suavemente mi nombre, era una forma de despertarse que cualquiera envidiaría. —Buenos días, hermosa —dijo con su voz grave y seductora, que siempre hacía que mi corazón latiera un poco más rápido. —Buenos días, doctor guapo —respondí, todavía con los ojos medio cerrados, disfrutando de la sensación de su cuerpo cálido junto al mío. Andrew se levantó de la cama y me di cuenta de que había algo especial en el aire. —Sorpresa —dijo con una sonrisa que podía de

