—Lamento la tardanza, hermana. Tuve que cancelar algunas reuniones, pensé que almorzaríamos tal como habíamos quedado en el club.
—Lamento haberte hecho venir tan temprano, y haber cambiado el sitio de nuestra reunión, pero es que hay algo que me gustaría hablar contigo, y los brunch de este hotel me gustan mucho.
—Ok, pues ya estoy aquí ¿Pasa algo? —La toma de la mano, y ella lo mira, mostrándole una leve sonrisa.
—No, es solo que estuve pensando en lo que me dijiste ayer, y ¿por qué esperar hasta el cumpleaños de papá? ¡Organicemos una reunión esta misma semana, para revelarle la verdad a Hyden de una vez por todas!
—¿Ha pasado algo? ¿Por qué de repente tanta premura?
—Bueno, ¿para qué esperar más? Creo que ya es el momento, además también me gustaría que supiera el trato que se hizo para salvar a su empresa de la bancarrota por casarse conmigo.
—¿Qué? ¿Paula, me estás ocultando algo? ¡Si es así, te exijo como tu hermano mayor que me lo digas ahora mismo!
—Es que… Es que… —Tartamudea un poco buscando una explicación creíble para su hermano, que sabía era muy perspicaz, pero después de pensarlo toda la noche, estaba desesperada y lo único que se le había ocurrido para que su esposo desistiera del divorcio es que, él supiera la verdad.
—¿Qué pasa, Paula? —Vuelve a preguntar Rodrigo, esta vez muy suspicaz, cuando de pronto una llamada en su teléfono lo desvía de la conversación. —Espera… —Le dice, y ella asiente. Él contesta el teléfono y justo en ese momento, mientras la mujer piensa en una excusa creíble, observa entrar al restaurante del hotel a nada más y nada menos que a Carolina.
No era una mujer conflictiva, pero no podía evitar sentir que esa mujer era la culpable de todo. Se aleja sin decirle nada a su hermano, y se acerca a la mesa en la que la mujer se ha sentado, pero casi de inmediato se arrepiente, y sale del lugar lo más rápido que puede.
—No puedo creer que estuviera a punto de reclamarle. Tengo que pensar mejor las cosas. No quiero divorciarme, pero eso no significa que deba exponer mi situación marital al público. ¡Rayos! Estoy perdiendo la cabeza.
En ese momento su teléfono suena, no le sorprende ver el nombre de Hyden en la pantalla, seguramente querrá seguir insistiendo para que se separen.
—¡Hola! Ahora incluso te interesas por llamarme a esta hora de la mañana, parece que tienes muchas ganas de divorciarte. —Contesta con sarcasmo de inmediato la mujer.
—Mi abuelo quiere vernos, así que no demores. —Cuelga el hombre a sabiendas de que el viejo Mackenzie le había dicho que los esperaba mañana, sin embargo, quería probar que era lo tan importante que estaba haciendo su esposa a esa hora de la mañana. ¿Acaso sería capaz de dejar a su abuelo plantado?
—¡Puff! ¿Qué cree, que soy su empleada? Si quiere enfrentar a su abuelo que lo haga solo. —Dice mientras sigue observando la pantalla de su teléfono, y entonces una idea aparece en su mente. —Eso es… el abuelo.
Comienza a caminar hacia la salida del hotel, pero es atrapada por una fuerte mano.
—¿A dónde crees que vas?
—¿Eh? —Se gira y observa a su hermano, mirándola con desaprobación.
—Acaso pensabas dejarme plantado.
—Rori, lo siento… es que se me presentó algo urgente, pero te prometo que luego te lo compensaré.
—¿Paula, de veras, no pasa nada?
Sabía que su actuar no estaba siendo el más normal delante de su hermano, y solo quería evitarle pensar que pasaba algo malo.
—Bueno, la verdad es que…
—¿Qué?
—¡Estoy embarazada!
—¡Waooo! ¿En serio? —La abraza con fuerza. —Es una noticia fantástica. ¡Seré tío! Papá se va a poner muy feliz. Hay que contarle de inmediato. —Empieza a sacar su teléfono celular.
—Espera, por favor. Me gustaría que por ahora no se lo dijeras a nadie.
—¿Eh?
—Es que primero quisiera resolver el asunto de Hyden. Contarle la verdad.
—Ahhh, ahora entiendo. Por eso querías apresurar todo.
—Sí, por eso… —Miente
—Entonces hagámoslo mañana mismo. ¿Por qué esperar?
—¿¡Qué!? No, espera, hermano. Ehhh, hablemos de eso luego. Por ahora tengo que irme. Pero te hablaré luego, para que organicemos todo, ¿sí? Te quiero. —Lo abraza con premura y se va rápidamente, para evitar darle más excusas.
Carolina, que había salido del lugar unos segundos antes porque había olvidado su teléfono en la habitación, observó a la pareja abrazándose. Directamente, miró el rostro de la mujer, que le pareció muy hermosa, y el hombre muy elegante y con clase. Pasó rápidamente, sin ser vista por ninguno de los dos.
***
Apenas Paula llega a casa, observa a un Hyden, ansioso, que caminaba de un lado a otro por la sala.
—¡Ya estoy aquí! —Dice y llama la atención del hombre que le arroja una mirada acusadora.
—¿Por qué demoraste tanto? ¿Dónde estabas?
—¡Ja! No es algo que te incumba.
—¡Ya veo! —de forma rápida camina hacia ella, la toma de la mano y la lleva hacia su auto.
—Vamos, el abuelo nos espera.
Apenas entran al auto, Hyden le da las indicaciones a Samuel, y la mujer, que se suelta de su agarre, libera un amplio suspiro y decide atacar primero.
—¿No entiendo por qué aceptaste ir a visitar al abuelo? Debiste sacar una excusa. Es obvio que se va a disgustar mucho cuando se entere de la verdad.
—¿A qué te refieres?
—Bueno, estarás de acuerdo en que, ya que te quieres divorciar, mientras espero a tu hijo, lo más correcto sería contarle todo.
—Es mi imaginación, o estás intentando amenazarme con mi abuelo, porque si es así, no te lo pienso permitir. —La toma de la muñeca fuertemente mientras le dice esto, y ella forcejea para soltarse.
—Te equivocas, yo solo te estoy ayudando. Después de todo, me dejaste muy en claro que te harías cargo de la reacción de tu abuelo, pues ha llegado el momento.
Golpea fuertemente la puerta del auto, asustando a su esposa y al chofer, que intenta mantener la calma, con la mirada siempre al frente.
—Muy bien, hablemos claro. ¿Qué es lo que quieres para que esta situación no se salga de control?
—Quiero que sigamos casados y que dejes a Carolina. Que me trates realmente como tu esposa, y que te ocupes de tu hijo como debes.
—Me ocuparé de mi hijo, pero el resto de lo que pides es imposible. Lo sabes…
—¿Por qué? Por qué la amas a ella? ¡A esa zorra que te dejó sin razón!
—No vuelvas a hablar así de ella. Te lo prohíbo.
—¡Ja! Pues lo siento si te molesta, pero es la verdad, no es más que una destruye hogares.
—¿De qué hogar hablas, Paula? Aquí nunca hubo nada. No te quiero, no me importas. Grábate algo, para mí no significas nada, te juro que si me obligas a seguir casado contigo, haré de nuestra vida un infierno.
Se lo dice con tanto desprecio en el tono de su voz, que no puede evitar derramar unas lágrimas frente a él, que de inmediato se siente mal por haber reaccionado de esa manera, y no sabe si disculparse o no hacer nada, pero ella, como siempre, toma la iniciativa de la situación.
—¡Muy bien! —Limpia sus lágrimas con fuerza.
—Te daré el divorcio.
—¿En serio? ¿Lo harás? —Lo toma por sorpresa su respuesta, no entendía muy bien por qué había accedido tan rápido, si parecía tan decidida a no ceder.
—Sí, te dejaré ir para que seas muy feliz. —Gira su rostro y lo mira fijamente a los ojos. —Solo quiero algo a cambio.
—Te dije que me haré cargo de ti y de mi hijo.
—Obviamente, no pediré nada para nuestro hijo, después de todo es tu responsabilidad. Hablo de que quiero algo a cambio de tu libertad, después de todo yo perdí la mía por tonta al aceptar casarme contigo.
—Muy bien, dime qué es y te lo daré.
—Señor, hemos llegado. —Dice el chofer, que se baja del auto, y abre la puerta trasera.
—Quiero que el matrimonio sea consumado. Después de eso, firmaré. —Dice Paula rápidamente y se baja del auto, seguida de Hyden que la alcanza rápidamente en la entrada.
—¿Qué? ¿Quieres que me acueste contigo? ¿Pero te has vuelto loca?
—¿Loca? ¿Te parece una locura? Soy tu esposa desde hace tres años, y llevo un hijo tuyo en mi vientre, pero jamás me tocaste. No crees que lo mínimo que debiste hacer fue cumplirme como hombre. Además, si tanto repudio me tienes, no creo que tengas un mejor castigo.
Las palabras de Paula están llenas de ira, y eso hace que Hyden reconsidere su propuesta. Se sentía culpable, jamás pensó en ella. Es cierto, era lo mínimo que le debía.
—¡Vaya! Debo admitir que me has sorprendido, resultaste ser una caja de sorpresas.
—No tienes idea…
—Muy bien, acepto tu propuesta, pero deberás ayudarme a manejar la situación con mi abuelo.
—Está bien, pero deberás cumplir con tu parte del trato, o te juro que…
—¡Lo haré! Mi palabra vale oro.
—Muy bien, entonces hablaremos de los detalles cuando estemos en casa.
—¿Detalles?
—No pensarás que simplemente te acostarías conmigo sin poner ningún esfuerzo en ello…
Toca la puerta, y de inmediato esta es abierta sin darle tiempo a Hyden de refutar una sola palabra, pues era momento de lidiar con su abuelo.