Si pudieramos conocer el resultado de nuestras acciones antes de realizarlas, no existiría el arrepentimiento. No puedo ni debo culpar a nadie, yo soy dueña de mis acciones y ahora tengo que pagar el precio de mis errores. No hubo reclamo, golpes o tan si quiera gritos. Solo encontré indiferencia en sus ojos y dolor. Ya hace un mes de aquella noche y se podría decir que soy prisionera pero en una carcel de oro. Con unos guardias que me cuidan y me tratan con amor. Hace un mes que estoy de vuelta en casa de mis suegros, Pierre me mandó allí y dio instrucciones claras de que no podría salir sin la compañía de mi suegra o mi suegro. Bajo ningún concepto podría volver a usar ropa de caballero, tampoco tenía permitido frecuentar a nadie. Si que podía recibir visitas pero siempre bajo sup

