— Sabes que ayer fue el último día de tu...—
— Si, lo sé por qué lo preguntas?—
— Bueno pensaba que quizás tú y yo podríamos ya sabes— dice de manera sugerente.
— No se, todavía no estoy segura de que pase eso entre nosotros—
— Estoy cansado de esperar, recuerda cuales son tus deberes, si no los cumples buscaré en otro lugar— dice visiblemente afectado por el alcohol y muy enfadado.
Aunque sus palabras me hieren se que no lo estoy haciendo bien, desde que naces te enseñan a obedecer, primero a tu padre y después debes hacerlo con tu esposo.
Durante estas semanas ha cambiado mucho su actitud hacia mi, es como si de verdad me amara, me cuida, me regala cumplidos y pasa mucho tiempo conmigo.
De verdad quiero que el esté con otra mujer, de verdad quiero que regrese con Ingrid?
Bajo hasta su despacho y este no está allí, pregunto al servicio y me dicen que ha salido a caballo. Los celos me ciegan y necesito encontrarlo.
Voy hacia los establos y pido que me ensillen un caballo, no sé cómo montar en él. El mozo de las cuadras me dice que las damas lo hacen de lado, pero no me convence por lo que le preguntó cómo monta el señor.
El me indica cómo hacerlo, pero el vestido es incómodo, miró al mozo de nuevo. Debemos usar la misma talla, por lo que cometo una locura, le pido uno de sus pantalones y una de sus camisas, este parece desconcertado pero accede a mi petición.
Me explica cómo hacer que el caballo, caminé, corra y pare. No parece difícil, después de esto le pido que me indique cómo he de llegar al pueblo.
En principio parece sencillo, no tengo que dejar el camino en ningún momento, con su ayuda monto al caballo y golpeó un poco para que comience a caminar, va demasiado despacio por lo que consigo también que vaya más deprisa.
No tardó demasiado en llegar al pueblo, es verdad que ya había estado antes con James pero nunca me fijé en el camino.
Las señoras me miran escandalizadas y los caballeros me miran raro, pero no importa, busco en todos los lugares que se me ocurren pero nadie lo ha visto.
Me bajo del caballo y acerco a mi caballo para que beba en una abrevadero. Estoy tan absorta en mis pensamientos que no me doy cuenta de la mujer que hay a mi lado hasta que ella se dirige a mí de manera despectiva.
— No puedo creer que me haya cambiado por ti!—
— Disculpa?—
— No tienes nada para ofrecerle, mira tú cuerpo, acaso puedes competir con mis anchas caderas, el color de mi pelo o el de mis ojos, mi piel de seda... Y además de no tener gracia ninguna vistes como un hombre—
Sin ni siquiera pensarlo, levanto mi mano y le propinó una tremenda bofetada, está se pone como una loca y no deja de lanzarme improperios, la agarró de su pelo color zanahoria y la tiró al suelo, cae en un charco de barro, grita y chilla como una gata herida.
La gente comienza a agolparse a nuestro alrededor, no tarda en llegar la autoridad.
Voy a intentar explicar lo sucedido pero nadie parece escucharme, solo la escuchan a ella, si que es verdad que yo la he agredido pero ella me increpado, no defiendo mi agresión, pero no podía seguir soportando como era humillada.
Me encierran en un húmedo y mohoso calabozo, espero que alguien venga para poder explicarme y que puedan avisar a James pero no llega nadie.
En el tumulto dije mi nombre y el nombre de mi esposo junto a su apellido pero la gente solo se rió, nadie creyó que yo fuera la esposa de James Duncan. Y la mal nacida tampoco lo dijo. Sabiendo de sobra quién era yo.
Las horas pasaban lentamente lo sabía por la única ventana de ese horrible lugar, poco a poco los rayos de sol se iban apagando. Y con ello el frío de la noche se hizo presente.
Escuche revuelo en la calle, estaban buscando a alguien un rayo de esperanza se instaló en mi corazón, quizás James hubiese venido a buscarme pero el tiempo siguió corriendo y nadie vino a por mi.
Apenas me quedé dormida, abrieron la celda y de un empujón entro una señora mayor, está llevaba un maquillaje muy llamativo y un vestido muy escotado y ceñido.
Se sento en el camastro y yo me aleje un poco de ella.
— Qué haces aquí muchacha, no me digas que te han encerrado por desviada?—
— No, creo ser eso que usted me ha llamado—
— Y quién quizás la duquesa de estos lugares— dice y comienza a reír.
— No soy nadie, aunque se lo dijera no me creería por qué lo iba hacer usted, ellos tampoco lo hicieron así que supongo que ya da igual— respondo y me hago un ovillo en el suelo.
— O sea que eres ella, oí que que el hijo del Duque se había casado con una damita inglesa, no me imaginaba que pudieses lucir así—
— No siga ya he tenido bastantes insultos y descalificaciones por hoy—
— No iba a decir eso, las descripciones de la gente no te hacen justicia, debajo de esa ropa te debes ver bonita, y ahora cuéntame porque estás aqui—
No tengo nada mejor que hacer y no se el tiempo que pasare aquí encerrada, por lo que le cuento toda mi historia.
— Entiendo Lady Ingrid está despechada—
Ella ha conseguido que las dudas por celos y las inseguridades me embarguen, y si ahora él está con ella, realmente ella parecía un ángel bajado del cielo y en cambio yo...
— No te sientas inferior, por lo que me has contado tu esposo debe amarte con locura, de tratarse de cualquier otro hombre no hubiese esperado tanto...—
La mañana llega y con ella, el guarda viene a por la señora. Intento preguntar pero no me responde, esa tal Ingrid debe de tener mucho poder aquí.
— Madeleine recuerde lo que he dicho, la recompensare muy bien—
La señora se marcha de la celda dejándome sola, estoy muerta de sed y de hambre. Pensaba que aunque poco algo te daban para aliviar la sed o el hombre pero veo que en mi caso no es así.
Solo espero que Madeleine cumpla su palabra de lo contrario moriré aquí encerrada.