8. ¿Qué temes, Reid?
Camino silenciosamente hacia la salida del hospital mientras Jason parlotea sobre algo de lo que no tengo idea. Mi mente está en otro lado: en Reid. Desde el "intento del casi beso” —porque ni siquiera llegó a ser un "casi beso"—, Reid está más ensimismado, dejándome afuera. Y no es como si antes me hubiera dejado entrar, pero ahora parece incluso más lejano.
He meditado sobre ello y he llegado a la conclusión inevitable: me gusta Reid Colleman. En los últimos meses me he acostumbrado a su silenciosa presencia. Me agrada despertarme y tener sus brazos sosteniéndome, me agrada tener su aroma en mi cama, me agrada escuchar el sonido de la ducha mientras él se baña y yo preparo el desayuno, me agrada sentir su presencia en cada comida, me agrada tenerlo a mi lado mientras vemos La teoría del Big Bang (aunque no se ría de mi querido Sheldon), me agrada saber que tengo a alguien esperándome en casa, me agrada tenerlo en casa. Me gustan sus pocas palabras y el misterio en su mirada, aunque también me vuelva loca. Me gusta cómo nunca me ha sonreído con los labios, pero sí con los ojos. Me gusta su presencia y lo que me transmite. De alguna forma, cada vez que pienso en él, un sentimiento de seguridad me acompaña. Me siento segura a su lado, casi protegida.
Sin embargo, no soy tonta. Sé que permitir que mis sentimientos por él vayan a algo más que eso terminará rompiéndome el corazón. Así que no reacciono cuando se aleja de mí, ni discuto sus murallas firmemente establecidas, que evitan cualquier acercamiento. De alguna forma, creo que me está haciendo un favor.
Lo que hago por él lo haría por cualquier otra persona. Es quien soy. Si alguien necesita ayuda, ahí tienes a Willa. Por eso decidí ser enfermera, por eso amo serlo. Eso no significa que no sea consciente de que merezco más que lo poco que sé sobre su situación. Él me tiene a ciegas y no tengo idea de lo que realmente está pasando. Sé que tengo que hablar con él, sé que merezco saber lo que ocurre respecto a su atentado, y me prometo hacerlo lo más pronto posible.
Y es cuando estoy divagando mentalmente sobre nuestra situación que veo a Reid fuera del hospital, esperándome. Aunque ya es medianoche y él siempre suele acompañarme cuando tengo que trabajar a este horario, no estaba segura de que, después del "intento del casi beso", él seguiría haciéndolo.
Camino con pasos inseguros hacia él, observándolo fijamente. Su mandíbula se tensa y aparta bruscamente la mirada cuando nota mi incertidumbre, como si eso lo enfureciera. Me detengo frente a su cuerpo rígido, con las manos dentro de mi abrigo, mientras él mantiene el rostro girado, haciéndome notar aún más la tensión de su mandíbula. Si evidentemente no quiere tenerme cerca, ¿por qué está aquí?
Trago saliva y también aparto la mirada justo en el momento en que Jason habla:
— Hola, Ben.
No lo miro, pero sé que Reid sólo le ha dado un pequeñísimo asentimiento de cabeza, como siempre hace. Jason parece notar la incomodidad entre ambos, así que nos mira fijamente sin decir más.
Después de que ellos se conocieron por primera vez, Jason me preguntó en contadas ocasiones por mi supuesto primo y su parecido con la famosa estrella de rock Reid Colleman. Sin embargo, nunca dio indicios de pensar que realmente se trataba de él, no cuando diariamente aparecen en las noticias de farándula videos de Reid dando conciertos en su última gira por el país, gira que ha sido un éxito. Y ahora, con su nuevo corte de cabello y evidente cambio, dudo que Jase vuelva a tocar el tema.
Cuando el silencio se prolonga más de lo normal entre los tres, siento la urgencia de llenarlo:
— ¡Qué frío hace!
Dos pares de ojos me miran, unos divertidos y otros sin expresar nada. Por supuesto, los de Reid son los segundos.
— Toma — Jase se quita la bufanda de lana que yo misma le tejí y me la envuelve delicadamente alrededor del cuello.
— No es necesario — susurro, pero no evito que me la ponga. No consigo moverme, no cuando siento la intensa mirada de Reid sobre mí.
— Claro que es necesario, pero mañana me la traes, es mi regalo — y toca juguetonamente la punta de mi nariz, como siempre ha hecho desde que somos niños.
Sonrío ante la familiar caricia, sin poder evitarlo. Sin embargo, esa sonrisa muere cuando me encuentro con los ojos helados de Reid. Me estremezco, pero no precisamente por el frío de la noche.
— Me preguntaba, Jason, ¿estás libre este fin de semana?
Todo se detiene por un instante, especialmente Jason y yo. Es la primera vez que Reid le habla a Jase, y mi mejor amigo se ve tan sorprendido como yo. Reid nunca ha sido precisamente amable con Jason; de hecho, a veces ni siquiera lo es conmigo, así que entiendo el tartamudeo desconcertado de Jase cuando pregunta:
— ¿Q-qué?
— Willa está ansiosa por ir al cine. Le había prometido que la llevaría este sábado, pero me surgieron algunas cosas. Ya que parecen tan amigos, ¿por qué no van juntos?
Parpadeo, una vez, luego otra, y por última vez.
¿Qué está haciendo?
Lo miro fijamente, completamente muda y conmocionada. Reid observa a Jason de una forma casi humillante; siempre lo ha mirado así, como si él fuera poca cosa a su lado. Y ahora, mientras me arregla una cita con él, su mirada resulta aún más insultante. Por supuesto, Jason no lo nota.
Con enfado, me preparo para enfrentar su emoción.
— ¡Por supuesto que iré contigo, Willa! —Dice Jason felizmente, pero no lo miro, no. Mis ojos están en Reid y, de hecho, los suyos también están en los míos, devolviéndome la fría mirada que le estoy dando.
Jase, ajeno a ello, planea en voz alta lo que haremos el sábado, sin darme oportunidad de opinar. Al final, cuando termina su parloteo, tiene la consideración de preguntar:
— ¿Te parece bien, Willa?
Sacudo la cabeza, sin estar segura de si es una afirmación o una negación, pero Jason definitivamente lo interpreta como un sí.
— Perfecto, Willa, es una cita.
Aparto la mirada de Reid y miro a Jason, sorprendida cuando él se inclina y besa mi mejilla a modo de despedida. Ver cómo se aleja con esa ilusión en los ojos me revuelve el estómago. No puedo creer que Reid haya hecho eso. No puedo creer su osadía. Simplemente no puedo creerlo.
Mi rabia fluye tan caliente por mis venas que opaca por completo el frío de la noche. Quito bruscamente la bufanda de mi cuello y la guardo en el bolso, mientras mis pies comienzan a marchar hacia casa con decisión. Reid pronto iguala mi paso, caminando a mi lado.
Por primera vez, de verdad no quiero su presencia.
Me costó mucho volver a dibujar el límite de la amistad que Jason y yo alguna vez desdibujamos. Reid no tenía derecho a destruir en un instante lo que he intentado construir durante meses. Simplemente no tenía ningún derecho.
Así que, cuando finalmente entramos en casa, no soy capaz de contenerme. Lo intento, pero no puedo. Esta opresión en el pecho necesita liberarse.
— ¿Por qué hiciste eso? — Pregunto, girándome de sopetón para mirarlo.
Reid me mira con las cejas fruncidas, como si estuviera confundido.
— ¿Qué es “eso”, exactamente?
— Me arreglaste una cita con Jason, ¿por qué?
— ¿Por qué no? — Se cruza de brazos, con una seriedad que me irrita hasta la médula. No creo que alcance a imaginar cuánto su postura me irrita, cuánto me enfurece e incluso hiere. Y es que quiero golpearlo, quiero gritarlo… quiero que me deje en paz. De verdad, de verdad quiero que sólo me deje en paz.
— ¿Por qué crees que puedes interferir en mi vida de esa forma? ¿Quién te crees que eres? — Avanzo un paso, ignorando cómo se tensiona ante mi cercanía —. No finjas que me conoces, Reid, porque tú no lo haces.
Él sólo aparta la mirada con ese gesto suyo que, he aprendido, siempre hace cuando está molesto. Pero no me dejo amedrentar; continúo:
— No creas por un segundo que sabes lo que es mejor para mí. Tú... no sabes nada.
Me quedo de pie, expectante, esperando una señal suya: que hable, que me pida disculpas, que intente explicar algo… cualquier cosa. Pero no lo hace. Sólo muestra esa indiferencia cortante que me aplasta de un modo que duele más de lo que debería. Rechino las lágrimas tontas que amenazan con escapar, apartándolas antes de que él pueda verlas. Respiro hondo varias veces, tratando de controlar la explosión de emociones que hierve dentro de mí.
Aun así, una risita se escapa de entre mis labios, casi involuntaria, mientras giro el rostro para no mirarlo. No puedo creer cómo, con esa facilidad tan cínica y casi arrogante, él cree que puede decidir por mí, manejar mi vida como si fuera suya. Y eso… eso me enfurece y me duele al mismo tiempo.
— No quiero que me vuelvas a recoger en el trabajo, ni siquiera entiendo por qué lo haces. Sólo… mantente lejos de mí, maldita sea.
Ambos nos estremecemos por la estridente fuerza con la que maldigo; ni él ni yo estamos acostumbrados a que esa palabra salga de mi boca, probando cuánto me llevó al borde.
Lo miro una última vez antes de girarme y alejarme. La decepción que siento por sus acciones es aplastante y no soporto tenerlo cerca. Reid es frío e indiferente; no importa cuánto me esfuerce en que llevemos una relación en paz, evidentemente cualquier vínculo que creí que se estuviera formando entre nosotros era algo solo de mi parte. Que me preocupe por una persona no significa que el sentimiento sea recíproco.
— Estás exagerando — dice de repente.
En contra de mi buen juicio, me detengo, aun esperando una reacción de su parte. No dice nada más, así que me giro a mirarlo con incredulidad. Si él fuera mi amigo, si sintiera siquiera una pizca de agradecimiento por cuánto me esfuerzo en que él esté bien, pensaría en mí antes de actuar. No pasaría por encima de mis sentimientos, obligándome a estar con Jason cuando no quiero, haciéndome revivir algo que ya me hizo daño una vez, algo que día a día me esfuerzo en dejar enterrado.
— Si yo quisiera una cita con Jason, yo misma se la habría pedido. Tengo decisión propia, soy una persona autónoma, consigo lo que quiero por mí misma. No me trates como a una incompetente. No eres mi casamentero… tú no eres nada mío.
De repente, sus ojos brillan con una repentina ira.
— Es muy bueno que tengas claro que tú y yo no somos nada, Willa.
— Después de hoy me quedó clarísimo; no tienes de qué preocuparte.
— ¿En serio? Entonces, ¿por qué tus ojos me dicen otra cosa?
¿Cómo se atreve?
Aparto la mirada, sin permitirle ver cuánto me está hiriendo, cuán humillada me siento por la forma en que está exponiendo mis sentimientos.
Él sabe que estoy desarrollando sentimientos por él y los está lanzando a mi cara con descuido, como si no fueran nada.
— ¿Qué te preocupa? — Cruzo los brazos bajo el pecho, apretando las manos en puños, concentrándome en esa sensación para alejar el escozor de mis ojos. Él no responde, y aun así yo continúo. No me voy a acobardar; hoy dejaremos las cosas claras —. ¿Qué temes, Reid? ¿Qué te da tanto miedo? ¿Que yo me enamore de ti?
Los dos giramos el rostro al mismo tiempo, encontrando nuestros ojos furiosos.
Él avanza un paso, con el cuerpo tenso. Yo me quedo de pie allí, sin escaparle.
— Willa — dice, como si me estuviera advirtiendo que nos estamos adentrando en terreno peligroso.
— Eres demasiado arrogante, pensando que esto se trata de ti. ¿Qué? ¿Crees que me siento herida porque me estás lanzando a los brazos de alguien más? ¿Piensas que la estúpida Willa ya se enamoró de ti? — Inquiero, provocando que él con cada pregunta se tensione más —. Te equivocas, esto no tiene nada que ver contigo.
— ¿Estás segura de eso?
Arrogante de mierda.
Me pregunto cuán tonta y transparente he sido con él, preocupándome por él, para que él crea que me tiene en la palma de su mano.
¿Cuánto he hecho el ridículo ante él?
Alejo el sentimiento de humillación y me concentro en dar respuesta a su pregunta, porque sí, tengo sentimientos por él, pero esto no se trata de él.
— Lo creas o no, esto se trata sólo de Jason y de mí, algo que no te concierne, pero en lo que te metiste sin tener ningún derecho.
— No tengo idea de qué me hablas.
— Jason y yo tenemos historia — casi grito, furiosa, ya sin poder controlarme —. Estuvimos en una relación en la que ninguno de los dos salió bien parado. He intentado, día a día, volver a lo que éramos antes, así que no tenías ningún derecho a hacer lo que hiciste, prácticamente empujándome a revivir algo que aún hoy tiene consecuencias.
Capturo el instante en que sus ojos muestran sorpresa, tal vez incluso enojo.
— ¿Fuiste novia de Jason?
No respondo, sólo lo miro, apretando mis labios con fuerza, evitando despotricar groserías en su cara. Él toma mi antebrazo en su mano, empujándome levemente hacia él, casi haciéndome chocar con su pecho. Mi cuerpo tiembla de la rabia que siento, y gruño cuando su aliento roza mi rostro, su voz dura susurrando:
— Dime.
Pero no lo hago.
— Dime, Willa — ordena lentamente, buscando intensamente dentro de mis ojos.
— Que te jodan.
Mis palabras le impactan, pero parecen ser lo necesario para que comprenda.
— Jason te lastimó.
Me sacudo por sus palabras, intentando soltarme de su agarre, evitando que vea algo más dentro de mí. Él me acerca con firmeza a su cuerpo, su mano en mi brazo manejándome.
— Suéltame, Reid.
Lo hace de inmediato: me suelta tan pronto se lo pido, pero no se aleja. Tampoco detiene sus preguntas.
— Respóndeme, ¿qué te hizo?
Apoyo mis manos sobre su pecho; sus ojos bajan allí, pero nuestro contacto no dura mucho, porque sólo lo toco para alejarlo.
Sólo para alejarlo.
— Lo único que tienes que saber es que Jason y yo no vamos a volver a pasar, no importa cuán desesperadamente lo desees.
Hago el intento de alejarme, pero Reid no me lo permite. Silenciosamente, avanza hacia mí, obligándome a retroceder hasta acorralarme contra la pared, con ambas manos apoyadas a cada lado de mi rostro. Miro sus brazos, primero uno y luego el otro, y luego lo miro a él, advirtiéndole que necesita retroceder. No lo hace. Reid inclina la cabeza, acercando nuestros rostros hasta que respiramos el mismo aire. Sin embargo, a pesar de la cercanía, no nos tocamos en ningún lugar.
Sus ojos oscuros muestran enojo y una frustración que no comprendo.
— Tú y yo seríamos un error más grande que tú y él, Willa.
Y ahí están, las palabras que, sin ni siquiera ser dichas, estuvieron allí desde el comienzo de nuestra discusión.
Nuestros ojos buscan en el otro… ¿qué? No lo sé, pero buscan algo. Algo que no entiendo y de lo que estoy segura de que él tampoco, pero buscamos. Yo inmóvil bajo la prisión de sus brazos, y él allí, necesitando desesperadamente mi aceptación a sus palabras. Esta vez, con él tan cerca, no soy capaz de ahuyentar las lágrimas.
Reid se aleja cuando la única lágrima baja por mi mejilla. La ira en sus oscuros ojos parece intensificarse a un nivel que no le había visto antes, pero no estoy segura de hacia quién está dirigida esa ira.
Abro mi boca para decir algo, cualquier cosa, pero nada sale de mis labios.
Cierro los ojos, tratando de ordenar mis pensamientos, de aclarar mis emociones, de ahuyentar sentimientos que no me puedo permitir.
Y, finalmente, asiento, concediéndole su deseo.
Como si nuestra conversación no hubiera sucedido, nos alejamos al mismo tiempo y vamos en direcciones opuestas dentro de la casa, ignorándonos.
Esa es la primera noche en semanas que no dormimos juntos. Yo duermo en la cama y él en el sofá.
También es la primera vez que Reid Colleman me hace llorar.
Y algo me dice que no será la última.