Yo nací en las Islas Georgias del sur, donde hacía un frío atroz. Ahora fumo un habano en Tucacas, Venezuela, y bebo ron todos los días. ¿Cómo llegué a un país del Caribe? No tengo idea, pero he aquí mi historia. Una mañana, me levanté en la colonia. Éramos pingüinos emperadores. A mi lado dormía un pingüino hembra que contraté para copular. Sacudí la nieve que caía desde el techo del iglú. Chisté con desgana, estaba cansado de aquella vida. Mi padre fue devorado por un leopardo marino. Él nos dejó a mamá y a mí, para buscar una vida mejor, igual que todos buscábamos una salida de aquel contristado lugar. Padre era un hombre optimista. Lo veías, a menudo, recitar frases de un libro de autoayuda. Aunque fuera un alcohólico, nunca había dejado de atendernos. En efecto, era un buen padre.

