Soy Priscila Montes Olvero, nací un 19 de noviembre de 1950, tengo mi cabello castaño claro con ondas, ojos color miel, piel clara y facciones finas.
Nací en un pequeño pueblo, si se le puede llamar así, pues en este cerró solo vivimos 5 familias, mi padre con nosotros y sus otros hermanos, no se porque razones mis tíos empezaron a vender sus partes de la herencia que le dejo mi abuelo, mi padre como el menor de todos y quien se negaba a dejar sus tierras, les compro a todos a un precio mayor, con la intención de que el trabajo de mis abuelos quedará en la familia, para lograrlo vendió casi todo su ganado y mi madre algunas joyas que guardaba.
Así empezaron a sembrar todos los terrenos y cuidar los pocos animales que les quedaron, bautizado a su ranchito EL NARANJO.
Era una gran extensión de tierra para nosotros 3, mientras mi madre lavaba la ropa a orilla del río que corría en las tierras yo recolectaba las semillas de la planta llamada tabacon, estas las usaba mi madre en lugar de jabón, después de cumplir con mi tarea podía retozar en el río y jugar haciendo pasteles de tierra colorada, después a medio día mi padre bajaba a darle agua a la vaca con su cría y mientras estos descansaban a la sombra de algún árbol, mi madre calentaba los tacos en la brasas, para comer juntos, ya que hasta que se secara la ropa volveríamos a casa.
En mi mundo todo era felicidad, al ser hija única mis padres me adoraban, además de que nunca me hacían parte de los problemas a los que se enfrentaba para conseguir algunos alimentos o cosas de primera necesidad.
Pues a diferencia de cuando estaban mis tíos, mi padre ya no tenía más que una vaca con su becerro, la cual proporcionaba la leche cada mañana,y tres gallinas y un gallo, de las cuales obtenimos los huevos, además de que ya no tenía completa la yunta para sembrar las tierras hasta que el becerro creciera lo suficiente , así tenían que sacar las últimas monedas para comprar maíz, fijol y otros cosas en los pueblos aledaños.
Por lo pronto mis padres optaron por sembrar un poco a las orillas del río, con un azadon y sus manos, así aunque era temporada de seca empezaron a cosechar lo suficiente para los 3.
Después cuando cumplí 10 años mi padre me regalo mi primer caballo, Pues como dice mi padre las malas situaciones no duran para siempre, sino hasta que tu lo quieras, también fue un año de fuertes lluvias y el pequeño río se convirtió en una enorme Barranca que arrastraba todo a su paso, incluyendo las siembras en su orillas, pero mi padre también sembrada en la planicie de la colina, por lo que no nos afectó tanto, y ese año tuvimos una cosecha increíble, tanto que mi padre la compartió con sus amistades y necesitados de los pueblos vecinos
- hija este año, al igual que los otros hemos sido bendecidos con buena cosecha, y siempre que puedas debes ayudar a los demás, porque cuando tu necesites no faltará quien te brinde ayuda.
Así EL NARANJO , prósperas cada día más, la vaca se convirtió en 30 , las cosechas se multiplicaron y al parecer las envidias también prosperaban.
- Buenos días Román, me da gusto ver que tu ranchito ha ido prosperando, si tu padre estuviera sería dichoso de ver el verdor de las siembras y tus animales tan frondosos- dijo Ponciano, un señor de 60 años
- gracias a las bendiciones del cielo, y escucharlo de usted es un gran algo- contesto con una sonrisa
- y también a tu esfuerzo y el de tu esposa, Si bien se necesitan de las bendiciones, el terreno no se siembra solo, ni las vacas se cuidan solas- contesto carcajeando y poniendo su mano en uno de los hombros de Roman- además tienes más pantalones que tus hermanos, te aferrarse a estas tierras y las has hecho producir el ciento por uno, en verdad que desde cahamaquillo se notaba la diferencia con tus hermanos, y eso hay que reconocerl- dijo inclinandose más
- en verdad agradezco sus palabras, pero solo he hecho lo que me gusta, trabajar mis tierras sin que nadie me mande, ya ve en otros lados, apresar de que las tierras ya se han repartido, muchos siguen bajo el mando de algún hacendado.
- bueno, pero ahora ya es por gusto, muchos vendieron la tierra que se les había dado, por la que sus padres y sus abuelos lucharon, bien dicen que al que no le cuesta lo hace fiesta- dijo pensativo el viejo
- así es, no todos le tenemos amor a la tierra, y digame a que se debe su visita, porque asumo que no sólo viene a ver mis tierras- pregunto Roman y se bajo de su caballo, mientras Ponciano hacia lo mismo.
- verás escuche el rumor en el rancho de San Isidro, que unos hombres están interesados en hacer negocios contigo- y con tono de preocupacion- pero ya investigue quienes son y no son hombres de bien, son doble cara y no respetan la palabra dada, tu eres muy joven pero tienes más honor que muchos, por eso decidí venir a contarte, sólo tomalo como preocupación de un anciano y amigo tuyo- y ambos dedicaron la mirada a la loma, pues se veía auna mujer y a su niña con una canasta y un cántaro de agua- bueno me despido Roman no quiero interrumpir tu hora familiar, - dijo jalando su caballo para montarlo
- espere don Ponciano, comparta con nosotros el pan de cada día, sea mi invitado, en agradecimiento por sus consejos- y ambos se sentaron a la sombra del tehuixtle que estaba cerca.
Desde lejos veía a mi padre con un viejito, la verdad me dio miedo su vestimenta de manta , un sombrero algo viejo , pero principalmente su piel tostada por el sol y esos bigotes canosos y retorcidos, al igual que una gran barba.
- Madre¿ quien es ese hombre que se encuentra con papá? , me da miedo y eso que aún no llegamos- dije acercándose más a ella
- tranquila hija, tampoco se quien sea , pero ha de ser algún vecino de uno de los pueblos cercanos; ya sabes que aveces los animales se apartan y se pierden, alomejor anda buscando alguno,; y aunque te de miedo, no debes juzgar a la gente por su forma de vestir o su físico, además tu padre siempre no cuida- contesto mientras me tomaba de la mano y me dio una sonrisa.
- buenas tardes- saludaron ambas al llegar junto a ellos
- buenas tardes - contesto Ponciano con una sonrisa cálida y amable
- buenas tardes mi amor, - levantándose a ayudarla con la canasta- El señor Ponciano, fue amigo de mis padres, e igual lo considero un gran amigo, además de que me ha brindado su apoyo en algunas ocasiones, viene de San Isidro.
- mucho gusto, soy Margarita - dijo estrechando la mano del hombre- y ella nuestra niña Priscila- dijo mientras le indicaba
que saludara.
- hola- dijo la niña apenas asomándose de la espalda de su madre, con ojitos espectantes.
Ponciano acercó unas piedras para que sirvieran de asiento y ellas no se sentarán en el suelo.