—Finalmente —gruñí. Me encantó el pequeño temblor de anticipación que recorrió su cuerpo. Me aseguré de que la puerta estuviera bien cerrada antes de llevar a mi novia al dormitorio. Ana estaba tan emocionada como yo. Tuve que hacer un esfuerzo por calmarme. Necesitaba ser gentil con ella, al menos al principio. Lo que ella quiera, estaré feliz de dárselo. La llevé hacia atrás al dormitorio. Desabotonando su camisa y quitándola mientras caminábamos, dejándola caer en el suelo de la sala. No podía esperar para tocarla. Le quité el s*******r en el momento en que entramos en el dormitorio. El peso de sus pechos era notable en mis manos. Sé que se sentía algo insegura por su peso. Permitió que esos hombres le dijeran que no era lo suficientemente buena para ellos. Pero estaban equivocados.

