II La compra del reloj de Evelina había constituido un acontecimiento más importante en la vida de Ann Eliza Bunner de lo que la hermana menor podía suponer. En primer lugar, Ann Eliza se había encontrado con la tentadora satisfacción de verse poseedora de una cantidad de dinero que no estaba obligada a compartir, sino que podía gastar como quisiera, sin consultar a Evelina; también estaba la emoción de sus sigilosos paseos por la calle, emprendidos en las escasas ocasiones en que podía inventar una excusa para salir de la tienda, dado que, por lo general, era Evelina quien llevaba las cosas al tintorero y quien repartía las compras de aquellas clientas cuya posición social desaconsejaba que fueran vistas volviendo a casa con un sombrero o con un fardo de tela calada, de modo que, si no h

