Los nervios treparon y se anidaron como una enredadera venenosa, todo se tensó dentro mío cuando Marko tomo mi mano para retinarnos a nuestra suite. Estaba agotada, me dolía la cara por las horas que había impuesto una sonrisa fingiendo ser la feliz novia que no era, cuando en el fondo estaba completamente destruida. No importo demasiado si sonreía o no, los murmullos por el cambio de novia no escaparon de mi oído, las comparaciones con mi hermana no se hicieron esperar y aunque realmente trate de que no me doliera, si lo hizo, y admito que la mayoría de las personas tuvieron la delicadeza de no hacerlo delante mío, no por mi claro, sino por Marko. Al igual que yo, la mayoría de las personas le temía. Pero, tenía que reconocer que se había comportado de forma amable durante todo el tiem

