Hacia una semana nos habíamos mudado, al final después de tanto pensarlo y charlarlo nos decidimos por una mansión amurallada cerca del centro de New York en un barrio exclusivo. Habíamos ido a comprar y elegir todo lo referido a la decoración, Marko me había dicho que podía comprar todo lo que quisiera, que no había límite de gasto y podía hacer todo a mi modo. Sin embargo, no solo me apoyo en cada cosa que elegí o decidí, sino que lo hice participe y el accedió gustoso, al fin de cuentas iba a ser nuestro hogar, de los dos. El lugar era increíble y tenía un enorme y extenso jardín, una gran piscina afuera y otra climatizada en el interior. La casa por dentro era hermosa y moderna, no sabía que haríamos con tantas habitaciones, pero ya habíamos definido cuales serían el estudio de Mark

