―Si― digo, sin poder seguir. ― ¿Si qué? ― jodida mujer, siempre presionado mis botones. ―Estoy celoso― susurro, echado mi cabeza sobre el respaldo del asiento y suspirando―. Jodidamente celoso, Francesca. Se desabrocha el cinturón de seguridad y pasa sus piernas por mi regazo, sentándose encima mío. ―Mírame― ordena cuando cierro los ojos―. Moya lyubov'― susurra cerca de mis labios, y el corazón se me calienta como cada vez que me habla en mi idioma―. No hay ningún hombre que me interese, solo tu Marko, eres al único que anhelo, al único que deseo y al único hombre que amo. Mi respiración se corta, ahí está de nuevo, esa declaración de amor. Todo dentro mío se revoluciona al escucharla y me doy cuenta que quiero escucharla decirme eso toda la vida. ¿Cómo es posible que me confiese su

