― ¿Qué? ―Ya me oíste― dije, se tensó cuando puse música lenta y sensual, la había visto. Había estado observándola cuando creía que estaba sola, bailar una espacie de música árabe y por dios que los movimientos de cadera que había aprendido, quitaron cualquier posibilidad de pensamiento racional en mi cerebro. Ahora verla en todo su esplendor y sin tener que esconderme―. Quiero que bailes para mí, y me muestres esa forma tan sensual que tienes de mover las caderas. ― ¿Me estuviste espiando? ―Yo no lo llamaría a eso espiar― sostuve―. Es solo el simple hecho de que nunca, jamás, ni por un segundo puedo dejar de mirarte. Sus ojos dorados, felinos, hipnóticos y perfectos brillaron con tal intensidad cuando me miraron que ciertamente podía tener cualquier cosa de mí que me pidiera, solo po

