La luz cálida de las grandes lámparas que estaban colgando del techo de la mansión iluminaba la sala, creando un ambiente cálido y acogedor, Luc, Nammi, Máximo, Mimi y León estaban sentados alrededor de una mesa de café, compartiendo una rara pero significativa reunión, pues Luc siempre se había sentido solo, y ahora con Nammi a su lado y Máximo, creía que al fin esa soledad que lo asechaba como un fantasma fúnebre, poco a poco se iría.
Máximo, siempre inquisitivo y con un toque de sarcasmo en su voz, rompió el silencio inicial, tratando de distraer a Nammi y sus preguntas hacia Mimi, pues la joven había notado el cambio en el semblante de la mayor, quien, con poco nivel de actuación, solo le dijo que le dolía la cabeza.
— Luc, cuéntame, ¿cómo van tus empresas de moda? He oído que estás haciendo un trabajo impresionante en ese campo, dando a conocer a diseñadores por los que nadie apuesta, sin embargo, la suerte parece seguirte. — Luc, no pudo evitar comparar lo irónico de la situación, “suerte” claro, parte de la maldición que esa gitana le había impuesto, iba de la mano al dinero, mayor desgracia, mayor fortuna económica, pero, aun así, Luc tenía ganas de decirle la verdad, que él con gusto sería un pobre mendigo en alguna de las calles de Francia, si con eso lograra, más que dejar de estar maldito, hacer a Nammi feliz.
— Bueno, en realidad hemos tenido un par de años bastante buenos. La industria de la moda puede ser impredecible, pero hemos logrado lanzar algunas colecciones que han sido muy bien recibidas. — respondió con modestia, pues ese aumento de dinero, se lo debía a la muerte de su ex prometida, y a todas las especulaciones que el señor Baggio había hecho, como que su hija había visto el secreto de los diseñadores a cargo de Luc y sus empresas, algo que había provocado que todos corrieran a comprar los diseños que allí se producían, y Luc comenzaba a creer que las personas ricas estaban locas, como él.
Mientras que a Nammi, el café casi se le cae de las manos al escuchar aquello, hasta el momento no había reparado en que trabajaba Luc, solo que al parecer era muy rico y que según él cargaba una maldición, por lo que no pudo ocultar su sorpresa, mucho menos su curiosidad.
— ¿Empresas de moda? No tenía idea de que estuvieras involucrado en eso, Luc. ¡Me encanta la moda! Siempre he soñado con trabajar en ese mundo, siempre quise ser diseñadora. — entonces, ese era su sueño, se dijo Luc, admirando la forma en que los ojos de Nammi brillaban.
— Sí, es una de mis pasiones, el ver cómo se crea algo, el esfuerzo que se emplea, como una idea plasmada en un papel, se convierte en algo, aunque yo jamás podria hacer eso, me gusta ayudar a los que tienen talento, darles una posibilidad, algo que Bianca, mi difunta esposa no tuvo. — reconoció con un poco de pesar. — Ella era diseñadora… o al menos lo intento. — no se le daba bien hablar de Bianca, menos frente a León, el sentir de perdida estaba allí, pero en el fondo, sabía que había hecho lo correcto, al evitar que Bianca arrojara a León por las escaleras, solo fue su mala suerte, el que no lo hizo percatarse que, si le arrebataba al niño de esa forma de los brazos, seria Bianca la que caería, pero en ese segundo no lo pensó, actuó por inercia, salvando a su hijo, y perdiendo a su esposa. — sabes…Tal vez podrías venir a uno de nuestros desfiles algún día. — quizás así, te ayude a soñar una vez más, se dijo el empresario.
— ¡Me encantaría! Sería un sueño hecho realidad, ver ese mundo desde dentro. — la sonrisa de Nammi lo hechizaba, con esa boca tan grande y unos labios que le iban muy bien a su rostro, aunque no era el único que estaba viendo a la joven, Mimi podía detectar ese brillo de deseo en los ojos de ambos hombres, el desear algo prohibido, por ser demasiado bueno.
Pero su atención rápidamente fue hacia León, al notar que no estaba bebiendo su té.
— Toma tu té, León. — dijo con suavidad, extendiendo la taza hacia él y deseando nunca haberse cruzado con Antonny Ambiorix. — Te ayudará a relajarte. — León tomó la taza con una expresión de duda, era un adolescente, pero sus facciones y acciones, siempre se comparaban más a las de un niño.
— Tiene un sabor raro, Nana, no quiero. — se quejó mostrando un mohín con sus labios, y Mimi, aclaro su garganta, porque un nudo se había instalado en ella, la culpa, claro, la estaba estrangulando, poco a poco.
— Por favor, León, o tu padre se levantará a mitad de la noche para ir a ver a tu habitación si estas dormido, recuerda que Nammi ya lo regaño por no hacer reposo ¿quieres que lo sigan regañando? — león negó con la cabeza y bebió su té, como todo un niño bien portado, y el corazón de Mimi dolió un poco más.
Y así la sobremesa paso, con las preguntas de falso interés de Máximo y el asombro genuino de Nammi hasta que poco después de tomar el té, León comenzó a sentirse extraño, su mirada se tornó vidriosa y una sensación de inquietud lo invadió, mientras Mimi lo observaba con atención, consciente de lo que estaba ocurriendo y por supuesto que Máximo, también estaba atento, y notó el cambio en León, por lo que le dirigió una sonrisa maliciosa a Mimi.
— Parece que tu té está haciendo efecto, Mimi. — dijo sin tener en cuenta que Nammi era una buena enfermera, pero, sobre todo, conocía el infierno, trabajo en él, le era muy fácil notar ciertas cosas, como los ojos enrojecidos de León, que no eran por sueño, mas parecía estar drogado, y la atmósfera en la sala se volvió tensa, cuando Luc vio como Nammi se ponía de pie e iba a un lado de León.
— ¿Estás bien, León? — indago colocando su mano en la frente del adolescente, cerciorándose que no tuviera fiebre.
— Sí, solo me siento un poco mareado. Estoy seguro de que pasara pronto. — la preocupación en Nammi aumento, no podía preocupar a Luc, con sus suposiciones, sobre los narcóticos, mucho menos levantar falsos, por qué ¿Quién querría drogar a León? Nadie, además el escuchar que estaba mareado, la hizo suponer que tal vez, se estaba enfrentando a un cuadro gripal.
— Tal vez deberíamos tomar un descanso, León hoy ha estado muy activo. — propuso Luc, un poco inquieto, porque no se olvidaba que cada vez que su hijo tenía algun ataque de la maldición, lo primero que sucedía era que se mareaba, pero ahora la maldición al fin estaba rota, porque ¿lo estaba, ¿no?
Nammi asintió con la cabeza, ya que el muchacho estaba visiblemente mareado y sus ojos vidriosos reflejaban una inquietud creciente.
— Vamos, León, te llevaré a tu cuarto para que descanses un poco —dijo con suavidad la castaña, sosteniéndolo por el brazo y ayudando a León a ponerse de pie mientras asentía débilmente, ya que su mente comenzaba a nublarse por las alucinaciones que comenzaban a invadir sus pensamientos.
Luc observaba la escena desde su asiento, y aunque su pierna aún estaba resentida por el tropiezo en las escaleras, intentó levantarse para ayudar, pero Nammi lo detuvo con una mirada firme.
— Por favor, Luc, quédate donde estás y no te preocupes, yo me ocuparé de León y también me aseguraré de que estés cómodo más tarde, no quiero que fuerces tu pierna. — Máximo, que había estado observando con una sonrisa casi imperceptible, se ofreció a acompañar a Luc, deseoso de que León remetiera contra su padre, rezando porque ahora fuese a él, a quien el joven empujara por las escaleras, pues ya sabía como había muerto la ex prometida de su medio hermano, porque claro que Luc tenía sus razones de desconfiar y es que nadie era cien por ciento leal, ni su servidumbre.
— Puedo llevar a Luc mientras tú llevas a León a su cuarto, no es problema para mi ayudar a mi hermano. — Nammi sintió un escalofrío recorrerle la espalda, y es que algo en Máximo no le agradaba, una sensación de que ocultaba algo oscuro la invadía cada vez que lo veía.
— Gracias, Máximo, pero soy la enfermera aquí, es mi responsabilidad cuidar de ambos. — le aseguro casi viéndolo con autoridad, algo que enfureció al recién llegado.
Pero mientras subían las escaleras, León comenzó a escuchar voces, alucinaciones auditivas que le decían que, si Nammi se acercaba a su padre, ella saldría herida y la angustia se apoderó de él, su respiración se volvió errática y comenzó a quererse zafar del agarre de la joven.
— ¡No, Nammi! ¡No te acerques a mi padre! ¡Solo puedes cuidarme a mí! —gritó León, sus palabras llenas de desesperación y miedo, y por un segundo a Nammi se le vino a la cabeza el recuerdo de Salvatore, la forma en la que reaccionaba cada vez que algun hombre se atrevía a mirar a su esposa, como solo Valentina lograba hacerlo regresar, por lo que intentó calmarlo, pero su atención se desvió un momento al ver a Luc intentar ponerse de pie nuevamente, a pesar de su advertencia y fue entonces cuando León, consumido por el pánico, la empujó.
Nammi gritó mientras caía, su cuerpo rodando por las escaleras y Luc, horrorizado, corrió hacia ella con dificultad, aunque sin miedo a terminar de romper su pierna, su rostro lleno de angustia y desesperación, no solo por ver a Nammi rodar por las blanquecinas escaleras recubiertas de mármol, también era miedo a que su hijo continuara maldito, entonces, la aberración que él había hecho a Nammi seria en vano.