Capítulo 10.

1844 Words
Nammi regreso a su departamento, pensando en lo que Mimi le había dicho, el mundo estaba cambiando, y parte de ese cambio se debía a los nuevos reyes, aun sonaba raro, para ella siempre serían los príncipes y la princesa De Luca, sabía que le llevaría tiempo aceptar que los reyes de Chicago ya no existían, más porque aún no veía sus sepulturas. — ¡Oh por Dios! ¡¿estas bien?! — los gritos del portero dirigidos a ella al momento que descendió del Uber la alteraron. — Hola, Repetto, ¿Qué sucede? — alcanzo a indagar antes que el mayor la tomara de los brazos y la llevara a un lado del edificio. — Vinieron por ti. — su corazón se sacudió lleno de alegría y con la tonta esperanza de que Greco cumpliera su promesa. — Mataron a tu amiga. — eso la dejo helada y su corazón que solo un segundo antes latía con fuerza cargado de felicidad, casi se detuvo. — ¿Qué? — vagamente recordó que Carmen le había pedido quedarse con ella unos días, ya que estaban fumigando su departamento. — Unos hombres llegaron en la tarde y preguntaron por tu departamento, yo no sabía, no tenía como saber que… ellos se veían tan normales. — era claro que el mayor aún estaba aturdido y Nammi solo pudo llevar su vista a la ventana de su habitación, donde aún se veían varios policías. — Repetto, ¿Qué sucedió? ¿Dónde está Carmen? — preguntó con miedo al recordar una vez más a su amiga de universidad. — Los acompañe a tu departamento y me quede en las escaleras de incendio, solo para ver que querían, ya que no quisieron decirme sus nombres, entonces tu amiga abrió la puerta y ellos solo dijeron “¿Nammi Anouk?” y esa joven. — el anciano negó con la cabeza, aun sin poder olvidar lo que había visto. — Solo dijo “¿sí?” Creo que queria decir que, si era tu departamento, pero estos hombres creyeron que ella eras tu y.…y… la mataron, le dispararon a sangre fría y luego se fueron como si nada… Nammi, ¿en que estas metida niña? La policía dice que tiene el sello de la mafia, la forma en la que dispararon… — Repetto, por tu bien olvida que me conociste, no le digas a nadie que estoy viva, haz de cuenta que solo fui un mal sueño. Corrió sin sentido, solo con lo puesto, Amapola tenía razón, los estaban cazando, todos caerían, se decía que la mafia queria borrar cualquier rastro de los reyes, toda persona que pudiera dar fe que Valentina Constantini y los De Luca alguna vez existieron, claro que eso también ponía en riesgo a los hijos de la reina, pero Nammi sabía que nadie podría contra Dulce y sus esposos, menos contra Marco y por supuesto, jamás podrían borrar a Greco, pero ella, era otra cosa, como si fuera un atroz juego de ajedrez, sabía que los enemigos primero acabarían con los peones, y luego avanzarían por los demás y por supuesto ella era un peón. Cuando sintió sus piernas temblar, fue cuando se dio cuenta que había regresado al hospital, quizás buscando ayuda en la única persona que había conocido y que le tenía un poco de confianza, Mimi. — Hola buenas noches. — dijo a una enfermera cuando llego al piso donde sabía que Luc estaba ingresado. — Buenas noches ¿Qué puedo hacer por usted? — indago la enfermera de turno, y fue cuando Nammi cayó en cuenta que no sabía ni siquiera el apellido de Mimi y no se acordaba el de Luc. — Yo… yo… — Señorita Nammi, que bueno que regreso, Mimi dijo que usted asistiría al señor Luc cuando regresara a la mansión, pero la verdad es que… quiere un baño y no confía en nadie del hospital, y no quiero ir por Mimi, ella se veía tan agotada. — era un custodio el que se le había acercado, Nammi más que fijarse en lo absurdo de la situación, al ser notificada de que Luc no queria que las enfermeras lo ayudaran, más se sintió bendecida de que ese custodio la recordara y pidiera su ayuda. — No hay problema yo me encargo. Se lleno de valor, no tenía tiempo para llorar por Carmen, ni para asustarse, la reina siempre lo decía, las lágrimas, el miedo, e inclusive la culpa, son amigos tan íntimos que pueden esperar a estar solos para mostrarse, si, Valentina Constantini era una mujer fuerte, y fría, o al menos eso es lo que creían todos, pero Nammi sabía que solo con sus esposos la reina se permitía ser débil, o por lo menos purgar su alma, ella podía dar fe de que en más de una ocasión la escucho llorar, mas jamás la vio, eso lo hacía puertas adentro de una habitación y es lo que Nammi haría, se derrumbaría, lloraría, maldeciría e incluso gritaría por su suerte, pero aún no era tiempo, ahora solo debía sobrevivir, pues no tenía nada, ni techo al que regresar, ni dinero, solamente su documentación, estaba con lo puesto. — Permiso. — susurró al abrir la puerta recibiendo primero una mirada fría y luego una de espanto de Luc. — Tu… — dijo como si ella fuera un fantasma, la joven tenía ganas de preguntarle cuál era su problema, pero recordó que ahora su futuro dependía de ese hombre. — Soy Nammi, la amiga de León y Mimi, sé que no soy de su agrado, aunque Mimi me dijo que es porque no confía en nadie. — comenzó a hablar de forma apresurada, con cada paso que daba aún más cerca de la cama donde el hombre estaba casi desnudo, con una sábana cubriendo la mitad de su cuerpo, dejando a la vista su torso desnudo y su brazo, que estaba enyesado. — Seré su enfermera si me lo permite… — No, largo, no quiero verte. — rebatió casi sin aire y es que no sabía si estaba viendo a la joven en carne y hueso o sus pesadillas se habían convertido en alucinaciones, tal vez su hijo se había curado y ahora el loco era él. — Por favor, señor. — dijo la joven tomando su brazo bueno. — Necesito el empleo, yo… tenía sueños, tenía algo realmente bueno para hacer con mi vida, pero hace un mes todo cambio, me arruinaron y perdí todo… le puedo jurar que no soy mala, nunca hice nada malo en mi vida, aun así… ya no tengo nada, lo acabo de perder todo. — no lloraría, no lo haría, se repetía, pero aun así sus ojos se empañaron. — Por favor. — suplico y Luc sintió su corazón detenerse, era la frase que se repetía sin cansancio en su mente, ella suplicando, y él… lastimándola. — No llores, no soporto ver a las mujeres llorar. — giro su rostro, por vergüenza, no podía ni verla al a cara, no podía. — Ya tienes el trabajo. — dijo sabiendo que la ayudaría, mientras él se condenaba. Nammi no demoro más de cinco minutos en lavar su rostro y preparar el baño para su nuevo jefe, mientras su cabeza era un caos total ¿Quién la queria muerta? Enemigos de la reina, eso seguro, pero ¿Por qué? Ella solo fue una mesera, ahora un exestudiante y de pronto se dio cuenta de algo más. — Así que, ya no tengo nada. No tenía un sueño al que aferrarse, ya no podía regresar a la universidad, tampoco tenía porque regresar a Chicago, Greco no la querría a su lado, estaba a la deriva, sola. — Bien señor Luc, déjeme colocarle esto. — Nammi tomo una sábana y la paso por debajo de Luc o al menos lo intento. — Pero ¿Qué haces? — la joven castaña respiro con pesar, entonces este seria “uno de esos pacientes” se dijo a ella misma, conocedora de como las enfermeras llamaban a las personas como Luc. — Señor Luc, debo pasar esto por su espalda, así me será más fácil colocarlo en la silla de ruedas y llevarlo a la ducha, si bien los huesos de sus piernas estan bien, no los pondremos a prueba... — Tu no me bañaras y deja de tratarme como que estoy cuadripléjico. — casi grito aquello y Nammi queria llorar. — Señor Luc, soy enfermera, se cómo hacerlo, si lo que le preocupa es que alguien tan delgada como yo pueda cargarlo, no se preocupe, se cómo hacerlo, por ello la sabana, funciona como polea y si lo que lo escandaliza, es que lo vea desnudo, le recuerdo que soy enfermera, no veré nada que no haya visto ya. — no mentía, claro que no, aunque siempre se preguntó porque no le daba pudor ver personas desnudas en el hospital, pero si en el club donde trabajaba, quizás, porque en el hospital eran personas convalecientes, y en el club… eran pecadores, casi sonrió al recordar como los llamaba Rocco. — No puedo permitir que me cargues, por más que digas lo que digas, ya me veo de cara en el piso. — no admitiría que temía que se lastimara, ya la había herido lo suficiente, se dijo. — Bien, en ese caso aguarde. La vio partir al baño, su espalda seguía tan delgada como hacia un mes atrás, era lo que más permanecía presente para este hombre, su delgada espalda y sus suplicas. — ¿Qué es eso? — indago con la garganta seca, no deseaba estar allí a su merced, y por primera vez sintió, un poco de lo que Nammi sintió aquella noche, la desesperación de no poder detener lo que le harían a su cuerpo. — Un baño de esponja señor, solo eso. — Por favor, no. — trato de negarse, incluso pensó en brincar de la cama, caer de cara al suelo le parecía lo más tentador del mundo, pero entonces ella hizo lo impensable. — ¡Por favor! — repitió, pero la joven solo quito la sabana, dejándolo expuesto, Lindo bóxer, se dijo la castaña observando los corazones rojos en el fondo blanco de la prenda. — Cierre los ojos y piense que es su madre dándole un baño, como cuando era niño. Luc cerro los ojos, no dispuesto a ver su rostro, no la queria ver, no queria que lo ayudara, ella debería de matarlo, tal vez lo más noble y honrado que pudiera hacer este empresario, era decirle quien era realmente, confesarle que él había arruinado su vida, ella lo había dicho segundos antes, “me arruinaron” ya debía dejar de imaginarse como se sentía esa joven, ahora lo sabía de sus propios labios, además de su nombre; lo que queria hacer y lo que debía se mesclaban en su cabeza, mientras Nammi tarareaba la canción que Valentina Constantini le cantaba a sus nietos, y así sin darse cuenta Luc se quedó dormido a mitad de su baño de esponja.
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