Capítulo 16

988 Words
Luc había enviado a investigar a Nammi, descubriendo nada, y pensó que nada era muy poco y que si queria hacer las cosas bien, las debía hacer él mismo, por lo que apenas estuvo solo en su habitación y aun con su brazo enyesado, se puso manos a la obra con su ordenador, ahora no solo sabia el nombre de la joven, también sabía que fue enfermera en Chicago, y así comenzó su investigación, percatándose que alguien había querido borrar los registros de Nammi, pero siempre quedaba algo, un pequeño hilo del que jalar, y eso fue todo, su mano herida le hacía más lerdo el trabajar, pero no imposible, código tras código, página tras página y cuando menos lo pensó, había ingresado en una de las computadoras principales y no del hospital, Luc había llegado al sistema operativo de Valentina Constantini y el corazón se le aceleró, no pensaba revisar ni meter su nariz en algo que solo lo llevaría a la muerte, por lo que solo fue a la lista de empleados del club “el infierno” y sí que lo era, al menos para Luc, esa noche él fue al infierno y desde entonces permanecía allí, pero dejo de regodearse en su miseria, pues no olvidaba que él era el victimario y Nammi… — La dama de la reina; Nammi Anouk. De todos los empleados era la única que tenía esa distinción, aun con la mano temblando, dio enter y frente a él estaba la vida de Nammi, era de suponer que la reina la había investigado. Estaba a punto de saber por un informe todo y nada a la vez, pero unos disparos resonando en su jardín lo hicieron salir de la comodidad de su cama, sin pensarlo, porque no había nada que pensar, tomo su arma, misma que le había regalado Neri, y la cual solo había usado para practicar tiro al blanco, pero era su hogar el que atacaban, podían ser enemigos de su padre, o el padre de su difunta esposa buscando venganza, o el de su prometida, buscando venganza, o… ya había perdido la cuenta de cuantas personas lo querían muerto y todo gracias a León. Bajo las escaleras corriendo, aun así, pudo ver a Nammi intentar llegar a la entrada, la reconocería incluso en penumbras, era su maldición, verla en todas partes a cada hora. — ¡Alto el fuego! — Grito como si la vida se le fuera en eso, y dejo de respirar cuando vio como una bala heria el delgado brazo de la castaña — Señor Luc. Sin detenerse a pensar, o razonar, su mano se elevó, sus ojos negros se clavaron en uno de los custodios, y su dedo jalo el gatillo, y aunque su intención era darle en medio de la cabeza, gracias a que Nammi jalo su pijama, el disparo se desvió a la pierna del joven, que comenzó a gritar, mientras caía al piso. — ¡¿Cómo se atreven a dispararle a Nammi?! — su reproche salió al tiempo que trataba de ayudar a la castaña a ponerse de pie, pero aun tenía el arma en la mano y el otro brazo lo tenía enyesado. — Estoy bien, yo puedo. — se apresuró a decir la joven, poniéndose de pie y para asombro de todos, corriendo a donde estaba el custodio quejándose. — ¡Nammi ¿Qué haces?! — se sentía raro, como si no fuera él, su cuerpo estaba caliente, y temblaba, su mandíbula dolía y solo entonces se dio cuenta de que tan apretada tenía la quijada. — Lo siento, fue mi culpa, salí a dar un paseo nocturno. — no se disculpaba con Luc, sino con el custodio que al fin dejaba de quejarse y la veía con enfado. — ¡¿No era más fácil decir quien mierda eres, que golpearme el cuello?! — la mano de Luc se elevó y el arma apunto al custodio que aún estaba en el suelo, silenciándolo de inmediato. — Lo siento, tuve miedo, no es como que pueda pensar con un arma en la cabeza. — explico mientras terminaba de hacer un torniquete en la pierna del joven con su camiseta quedando en sostén frente a todos los que allí se encontraban. — ¡Dejen de verla de esa forma! — ladro con furia y solo entonces Nammi vio a su jefe. — O, por Dios, señor Luc, está en shock, por favor baje el arma y tome asiento, la adrenalina bajara de un momento a otro y se mareara o se desmallara. — en menos de un parpadeo la tenía a su lado, quitándole el arma y obligándolo a sentarse en el jardín. — Señorita. — dijo uno de los custodios más viejos del lugar, llamando su atención y dándole una chamarra, la cual Nammi se puso de inmediato. — Gracias, necesito que me ayuden a llevarlos dentro para evaluarlo… — La única que necesita ser evaluada eres tú, tienes una herida en tu brazo. — acuso Luc, esperando el mareo o el desmallo del cual Nammi le hablo, pero solo podía ver rojo, queria matar a alguien. — Sí, también necesito atención, pero es solo un roce, puede esperar, ¿me ayudan? Dos hombres cargaron al custodio herido, mientras Nammi ayudaba a Luc a ingresar a la mansión y cuando vio que Mimi tenía todo lo necesario para realizar las curaciones, se dio cuenta lo que se le estaba pasando por alto. Luc no tenía la cantidad de custodios que un simple empresario tendría, Luc actuaba como un mafioso que vive entre las sombras. Mientras que la mente de Luc le gritaba que Nammi no era solo una camarera del club, o una simple enfermera, lo más probable fuera que tenía en su casa hospedada a una mafiosa en busca de venganza, solo eso explicaría la tranquilidad con la que la castaña se movía por el lugar.
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