Esa noche marco un antes y después entre Nammi y Luc, mientras Nammi creía que el destino le estaba poniendo a Luc en el camino a modo de bálsamo para sanar sus heridas, Luc creía que era lo justo que el karma lo golpeara de esa forma, pero no seguiría siendo un cobarde, él curaría a Nammi, aunque creer eso era demasiado, lo intentaría, la cuidaría hasta que sus alas sanaran, esas mismas que él había roto, entonces, cuando ella nuevamente tenga la fuerza de volar tan alto como siempre creyó que podria, él e diría la verdad, dejaría al descubierto lo que hizo para romper la maldición que pesaba sobre León.
— Luc, mi niño ¿en qué piensas? — Mimi acaricio su brazo, y Luc salió de su miseria.
— En la vida nana, en la vida y las vueltas que da, el mundo parece tan grande, pero en realidad no lo es. — Mimi observo al hombre que había ayudado a criar, la culpa se mezclaba con el querer, y Mimi quiso hacer lo correcto, decirle a Luc, como ella lo había traicionado, aun sabiendo que nunca recibiría su perdón
— Luc…
— Señor. — la interrumpió un guardia y Mimi creyó que era el destino, una señal para no cometer un error, porque Luc y León era lo único que tenía, lo único que Antonny le había dejado.
— ¿Qué sucede? — indago, más alterado de lo normal, pensando quizás que algo había pasado con Nammi, pues esta había ido con León a presentarse, ante los demás custodios, como ayudante terapéutica para el pelirrojo, y así evitar futuras confusiones como la de la noche anterior.
—Hay un hombre en la entrada, que insiste en hablar con usted. — informo con nerviosismo, pues a Luc no le gustaban las visitas, menos las que eran sorpresivas.
— He de informarle que no recibo a nadie en mi hogar, que saque una cita en la empresa… — Luc vio con detenimiento al custodio, al distinguir que estaba un poco pálido. — ¿Qué? — indago de pronto y comenzó a caminar hacia la entrada de la mansión.
— Dice que es su hermano. — Luc trastabillo con aquella información y como si fuese una burla del destino, Nammi lo sostuvo al pie de la escalera.
— Señor Luc, si no me hace caso y se queda quieto en un solo lugar, juro que enyesare su pierna mientras duerme. – Mimi no pudo evitar reír por solo ver el rostro de terror de Luc.
— Eso sí que sería interesante, verte ingresar a mitad de la noche en el dormitorio del jefe. — soltó el custodio y tanto Nammi como Luc lo vieron mal. — Solo fue un chiste…
— Te tocara doble turno. — solo eso dijo Luc, y se dejó guiar por Nammi al sofá, aunque ese no era el lugar donde él queria ir, pero era imposible negarse a su cercanía, su tacto, era como que Nammi lo curara a él, con su sola presencia, y no viceversa. — Trae a ese hombre aquí, pero antes, quiero a los tres que tengan mejor puntería, posados en las ventanas, Mimi, que León este en su habitación con Nammi, y tu te quedas con ellos. — Mimi fue por León sin decir ni media palabra, pero Nammi se quedo de pie a su lado, una vez el guardia salió.
— ¿Qué sucede? — indago con preocupación.
— Nada que tenga que preocuparte, solo ve con León. — dijo mientras hacía una mueca, pues en verdad se había doblado el tobillo en las escaleras.
— Lo siento Luc. — el mayor elevo su rostro por solo distinguir la seriedad den la voz de la castaña.
— ¿Qué cosa?
— El no obedecer, pero no te dejare solo con un desconocido, te escuche y al custodio también, no estas en condiciones de enfrentarte a un hombre por más que tus custodios cubran tu espalda.
— ¿Y tú si Nammi? — la mordacidad solio cual flecha, y por poco la verdad, porque por un segundo Luc recordó lo fácil que fue el someterla, y se maldijo por ello.
— Te recuerdo que anoche ataque a uno de tus hombres, puede que el miedo sea mi mayor defecto, no lo negare, el instinto de correr me gana muchas veces, siempre fue así las veces que los hombres que visitaban a mi madre se acercaban mucho, solo corría lejos, pero se defenderme Luc, Leonzio y Lupo De Luca me enseñaron. — esa eran palabras mayores y Luc lo sabía, Lupo De Luca dejo mucho que contar, en especial como asesinaba agolpes a sus enemigos.
— El lobo y el león. — murmuro sin quererlo Luc, porque en verdad ese par eran una leyenda, como lo era la reina.
— Así es, ahora no estoy asustada, ni desprevenida, me quedo contigo, al menos podre protegerte en lo que tus hombres actúan.
Se perdió en ese pensamiento, ella queria protegerlo, por un minuto se pregunto si Nammi lo asesinaría cuando supiera la verdad, ¿lo dejaría vivir al menos hasta que Loen cumpliera 18 años? No lo sabía, pero esperaba que si.
— Nammi…
— Luc. — la voz de un desconocido hizo girar a Nammi, quien aprovechando la distracción de Luc se sentó a su lado. — Luc Ambiorix, al fin te conozco en persona. — dijo de tal forma el extraño, que no se podía decir que era felicidad, más bien, era el deseo por algo, como quien compite en una carrera y al fina ganar el trofeo que solo tomara en cuenta para la fotografía y luego desechara en algun rincón de la casa. — Soy Máximo Vigilas, soy hijo de Marisa Vigilas y Antonny Ambiorix, soy tu hermano. — dijo extendiendo la mano y dando un paso en dirección a Luc.
— Lo se. — aseguro Luc, que solo vio la mano tendida del recién llegado.
— ¿Lo sabes? — indago sorprendido Máximo.
— Eres muy parecido a Clara y a León, incluso a …
— Antonny, nuestro padre. — Luc hizo un sonido de disgustó con la garganta, mientras Nammi se mantenía en silencio, como si estuviera nuevamente sirviendo tragos en el infierno.
— Pues, es todo tuyo si así lo deseas, y mejor dime ¿a que has venido? — Nammi estaba viendo un lado de Luc que jamás se hubiese imaginado, uno serio y seco, que te demostraba cuanto te desprecia con solo una mirada, sin necesidad de palabras.
— Oh, me imagine que tal vez lo difícil seria convencerte de que soy tu hermano, no el que me trataras bien. — Nammi abrió sus ojos ante el descaro del tal Máximo, comprendía la forma de actuar de Luc y Máximo si tuviera empatía también debería de saberlo, ¿a quién le gusta que le aparezcan hermanos de la nada? Mas de un solo padre.
— Para mi desgracia recuerdo a las mujeres que dañaron a mi madre, y Marisa Vigías fue una de ella, y para tu desgracia, tu color de cabello también deja en claro que mi padre también le dio algo más que solo sufrimiento a Marisa, como también puedo intuir que no vienes solo a que te conozca. — Nammi sonrió con agrado, había algo en el pelirrojo que no le gustaba, aunque no sabía que.
— Es una lástima que pienses eso, puede que mi difunta madre no fuese la mejor mujer del mundo, pero si estaba enamorada, y yo soy resultado de ello, solo… pensé que ya no tenía que estar solo, creí que… podía tener al menos una parte buena de familia del lado de mi padre. — la postura de Luc cambio y como si estuvieran unidos por un hilo invisible, la de Nammi también.
— ¿Eso quiere decir que no has buscado a Antonny? — indago con verdadero interés.
— No, claro que no, ese hombre… fue el causante de la muerte de mi madre, ¿Por qué lo buscaría?
— Pero si buscaste a Luc. — era la primera vez en su vida que Nammi interfería de forma descarada en una conversación, pero se le hacía imposible no involucrarse, a sus ojos, Máximo no encajaba, había algo que no le gustaba en él y eso que solo lo estaba viendo hacía unos segundos.
— Porque sé que tú no tienes nada que ver con Antonny y sus… asuntos.
Y eso fue todo lo que Máximo necesito, quizás era la culpa que sentía por Nammi y la vida en soledad que esta había llevado, tal vez era el pensar que cuando llegue el momento de revelarle la verdad a Nammi y esta lo matara o lo enviara a la prisión, él podria dejara a León con alguien más que Mimi, tal vez, su maldición aun no acababa, y solo había cambiado de portador.
— Ya no tienes nada de qué preocuparte. — dijo Luc, luego de escuchar la corta pero concisa historia de Máximo, de cómo había subsistido esos años solo, viendo de los lejos los progresos de su hermano Luc, y siendo feliz por ello. — Ya no estarás solo, ahora nos tienes a nosotros.
Aseguro, mientras Máximo se decía que Luc era más imbécil de lo que pensaba y que dentro de poco, todo lo de Luc, seria suyo y ya no necesitaría de Antonny.