JADEN WALKER
Cuando entro al departamento me encuentro con una caja de regalos tamaño gigante en el medio de la sala, no sé muy bien como sentirme con todo lo que capto a mi alrededor, hasta temo un poco porque alguien ha debido entrar a dejar todo esto. Del techo cuelgan globos rojos, un ramo de rosas en la mesa de centro me deja un par de segundos muy quieta.
¿Qué carajos es todo esto?
—Hola, poseída. —Es Cy, de eso no hay duda. Es su voz.
Pero no lo veo.
Entonces sale del pasillo sosteniendo una pequeña caja en su mano derecha y otra un poco más grande y aplanada en la izquierda, siento nerviecillos instalarse en mi estómago y jadeo. Increíble que aún me haga sentir nerviosa el pendejo rubio este.
Camina hasta mí, trae una camiseta estampada en varios colores que parece una danza de humo multicolor, unos jean rotos por las rodillas y unas botas negras. Y para mí luce como el príncipe azul que sale al rescate de su princesa.
—Carajo ¿Que haces aquí? —Lo hacia a miles de kilómetros, al otro lado del planeta.
Es inevitable que no se me acumulen algunas lágrimas por la alegría de verlo.
—¿Cómo que qué hago aquí? ¿No esperabas que me quedara lejos de ti con esa noticia que me diste o sí?
—Esperaba que te fueras a besuquear con tu Perrisha.
Se echa a reír antes de abrazarme a la fuerza, aún cuando intento alejarlo luchando contra mi orgullo me siento reconfortada entre sus brazos, porque lo amo y aunque no quería aceptarlo lo necesitaba. Su perfume me atontea, es mi fragancia favorita desde que acepté que no quería a nadie más a mi lado si no a él. Me siento sin fuerzas para echarlo, lo extrañaba, así que al final me rindo y me guindo a su cuello.
Besa mi frente con ternura y me entrega la caja más pequeña.
—Esto te lo manda Leo.
Acepto la cajita de regalos y sonrío enternecida por el gesto.
Leo y yo nos hemos acercado mucho porque tenemos algo en común.
Las drogas.
Desde hace un año él ha estado rehabilitándose por voluntad propia, y ha mejorado muchísimo. Lo he apoyado, sé que es difícil salir de esa situación cuando eres un adicto, un dependiente sin fuerza de voluntad. Así que le he dado mi mano para guiarlo en su camino de recuperación porque yo también pasé por allí y sé lo mucho que se sufre lidiando con los ataques depresivos, la ansiedad y el miedo a recaer. En el trayecto nos hemos hecho muy cercanos.
Tanto así que ahora puedo decir que es uno de mis mejores amigos, a él puedo confiarle lo que sea y sé que cerrará el pico.
Incluso cuando perdí el primer embarazo él fue el primero en saberlo, yo estaba asustada y no quería armar alboroto. La banda estaba de gira cuando sucedió y me sentí con tanta confianza hacia él que se lo dije por videollamada, sabía que no me juzgaría por querer ocultarlo, estuvo al pendiente mí todo ese tiempo a distancia, y le hice jurarme que no sé lo diría a Cy.
Y guardó silencio.
Mientras que con Cy ocultaba mi dolor y sonreía a través de la pantalla, con Leo lloraba largos minutos despotricándome por no ser suficiente mujer, por no ser fuerte y poder soportar a un bebé en mi vientre.
Leo es mi amigo y lo aprecio y quiero con todas mis fuerzas.
—Comienzo a ponerme celoso de Leo, no pensé que fueran tan amigos. Ayer insultó a Dadisha para defenderte.
—Leo es un buen amigo, idiota. Y Dadisha es una zorra, y tú...
—Que me atropelle una gandola si yo alguna vez te he sido infiel.
Me le quedo viendo, con la ceja alzada.
—Que puto asco mirarte la cara después de odiarte y no poder pegarte.
—¿Por qué tendrías que pegarme, animal de la selva? —se burla.
—Confórmate con saber que no lo hago porque estoy feliz de verte —Cuando termino de hablar él está embobado, mirándome—. Feliz de ver al papá de la cosa que tengo adentro.
El rubio se ríe, tiene las mejillas rojas.
Si algo he descubierto en Vitalis es que sus mejillas toman color cuando está alegre, feliz o pasándola bien. Cuando está enojado todo su rostro se torna rojo y una vena en su frente se brota.
Lo conozco lo bastante bien.
Sé lo que no le gusta con solo una mirada, cualquier gesto me lo dice todo de él.
—La cosa no, ordinaria. Nuestro bebé.
Y suena hermoso cuando él lo dice, tanto que lo abrazo, pegando mi cabeza a su pecho para quedarme así tanto tiempo como pueda.
—Llamé a un colega, mañana vamos a la primera consulta para comenzar el control del embarazo ¿Cómo te has sentido?
—Bien, casi no siento que estoy embarazada.
Él sonríe, atrapa mi mejilla derecha y me besa con cuidado.
Sus labios tibios me hacen vibrar.
Lo extrañé.
—No sabes lo feliz que soy.
Me llena de gozo escucharlo decir eso.
—¿Qué pasa si lo pierdo otra vez?
—Shu... No digas eso. No va a pasar nada, cariño.
De sólo pensarlo me lleno de miedo, no quiero perder otro, creo que no lo soportaría y me daría por vencida.
—Cy... No puedo... Yo quiero pero...
Me abraza.
—Mañana veremos qué hacer. Todo estará bien, sé que lo lograremos.
***
En la entrevista clínica todo es normal, en los exámenes que me realizan todo luce bien, me hacen un primer eco y descubren el pequeño punto que la verdad yo ni veo pero que a Cy lo pone a llorar como una niña sin vergüenza alguna delante del gineco obstetra.
El mini poseído —Como lo denominamos entre risas— va acorde con el tiempo de gestación y todo parece andar bien, dentro de lo normal. Pero teniendo en cuenta mis abortos recurrentes debo llevar un ritmo de vida más calmado, una alimentación sana y comenzar a ingerir vitaminas.
Ambos acordamos que no queremos saber el sexo del bebé hasta el nacimiento y me emociona todo esto.
Cy se marcha a la semana porque debe volver con Side Gloomy y yo decido mudarme algunos días con mis padres, para no estar sola. Por miedo de perder el bebé y no saber qué hacer o como reaccionar.
Decido inventarme un podcast por las r************* que en un par de días se hace muy popular y me vuelvo tendencia nacional, siendo señalada como la destructora de las celebridades.
Básicamente me encargo de buscar con lupa los secretos de artistas nacionales que se han internacionalizado, sacando a la luz noticias que me ponen sobre el ojo del huracán. Además de ello sigo conduciendo mi programa, es agotador pero placentero, porque amo hacer lo que me gusta.
Y tanta actividad más mi propio programa en el canal me mantienen sumamente ocupada y con la mente enfocada en trabajo, Phillip casi no me se acerca y lo agradezco. Hasta he aprendido a ignorar los escándalos frecuentes de Side Gloomy que incluyen al estrafalario de Cy siendo Cy.
Lo etiquetan de prepotente y déspota y aún así la gente lo ama.
Los medios de comunicación lo odian porque cada día le crece el ego y la amplia boca que tiene vocifera su enorme capacidad sin una pizca de humildad. A muchos les cae pesado ganándose haters empedernidos, y a otros millones se los gana con esa actitud de reina junto con sus cualidades artísticas.
Incluso lo agregan dentro de los diez artistas más queridos y exitosos a nivel mundial.
El primer mes lejos de Cy llega y con él los síntomas malditos y propios del embarazo. No hago más que vomitar, tragar como cerda y volver a vomitar, mamá es la única de las dos que lleva su sintomatología con calma.
Bien dicen que la práctica hace al maestro, y ella ya ha tenido tres hijos. Por eso casi no le afecta
Yo por mi parte me la paso mal y papá entra en desesperación conmigo al ser una embarazada hormonal, vomitona, tragona y sensible. Él se estresa por todo y por nada, mamá dice que siempre ha sido así, y aunque él dice que no le afecta andar supervisandonos sé que no es así.
Hasta la abuela que viene a visitarnos se ríe cuando lo ve entrar en pánico constantemente con nosotras.
A mí se me hace tierno ya que puedo entender sus nervios. Él nunca vivió un embarazo con mamá, y no sabe lo que conlleva todo. No sabe muy bien como lidiar con ello.
Dos días después de cumplir un mes sin ver a Cy vuelvo a mi departamento. Todo va bien conmigo y el mini poseído que llevo dentro. Me gustaría que sea varón. No soportaría tener una niña y que salga zorra como lo fui yo alguna vez.
Sería el karma que por supuesto merezco, pero que no quiero y me rehuso a recibirlo.
Aunque si al final sale niña no podré hacer más que amarla e intentar que sea decente.
El departamento está algo descuidado, así que le doy una buena limpieza que lo deja reluciente. Por la mañana hablé con Leo y me dijo que todos volvían mañana para dar una rueda prensa y en tres días partían otra vez a Irlanda.
Así que quiero recibir a Cy con todo en orden, aunque el rubio no me ha dicho nada al respecto. De hecho lleva tres días sin hablar conmigo por llamada, uno que otro mensaje avisando que está bien o preguntando cómo marcha todo.
Mi celular vibra con un mensaje de mi mejor amiga.
Stei: Perra, mueve tu culo hasta el club Tonigh, acá te esperamos.
Me agrada la idea, llevo demasiado tiempo siendo una aburrida de mierda sin vida social. Y ya que mi prometido no está para divertirme con él lo haré con mis amigas.
Las he abandonado demasiado por andar metida en mi papel de la novia correcta y embarazada precavida.
Me doy un baño rápido, y selecciono un vestido azul rey que se ciñe a mi cuerpo. Debo aprovechar antes de que me ponga gorda y no pueda lucir el cuerpo que me heredó mi madre por la enorme panza de preñada. Calzo unos tacones no tan altos y después de maquillarme salgo dispuesta a divertirme y a pasar una agradable noche con mis chicas.
El club está atestado cuando llego, hay demasiada gente. Barro con la mirada el lugar hasta que consigo a Stei bebiendo chupitos con Sophie frente a la barra, ambas traen vestidos cortos de color n***o pero con cortes diferentes que se aprietan a sus curvas despampanantes, son hermosas y llamativas. Mi mejor amiga se ríe de algo que le dice la rubia, Giovanna viste unos shorts de corte alto n***o con un top rojo con lentejuelas y Sandra una braga bien ceñida color mostaza que atrae la atención de muchos hombres que no paran de verla.
Sonrío, me alegra verlas.
Apenas llego al encuentro y ellas me brincan encima emocionadas.
—¿Cómo está la mamá más bonita? —suelta Stei estampándo su boca en mi mejilla— ¿Qué tal va el embarazo?
—De la mierda, vomito cada nada y trago como camionero.
—¿Ya no eras un camionero? —Sandra recuerda la manera en que Cy me llama a veces y todas se echan a reír.
—El embarazo te sienta bien, prima. Luces radiante.
Le sonrío a Sophie mientras Gio rodea mis hombros entregándome la primera copa que beberé en la noche.
—Brindemos porque las zorras volvemos a estar juntas, menos Jay. Ya ella no cuenta en el escuadrón.
Nos echamos a reír.
—Yo tampoco. —Sophie se lava las manos con gracia.
Creo que mi prima es la más desatadas de todas. Me parece que intenta llenar el vacío de su verdadero amor con sus métodos putísticos.
Todas agarran sus chupitos mientras que yo sostengo un líquido que por su aspecto parece más bien un batido saludable y no una bebida alcohólica.
Nos empinamos todas los tragos y confirmo mis suposiciones. Es piñacolada sin alcohol.
—¿Decepcionada? —Sandra me ve, todas se ríen al ver mi cara— Somos putas pero no irresponsables, y tú, perra sometida, no beberás nada que afecte al bebé.
Se me hace molesto pero me resigno cuando Stei dice que son órdenes de Cy y Jack que las han estado mensajeando todo el día desde que se enteraron de que saldríamos a divertirnos.
—¿Y quién carajos fue la chismosa que le dijo a esos dos lo que íbamos a hacer?
Voltean a ver a Stei que se encoge de hombros.
Ruedo los ojos cuando me regala una sonrisa de culpa.
—¿Por qué? —Me jode querer beber un poco de voodka y no poder hacerlo.
Controlo demasiado mis niveles de azúcar y mi alimentación justamente para poder hacer desarreglos algunas veces y ahora no puedo.
—Cariño, no quiero rollos y no se me apetece hacerle daño a mi sobrino.
Todas están de acuerdo y me hago la idea de ser una aburrida el resto de la noche. A las dos de la mañana todas están ebrias y yo sigo intacta, las saco del club y llevo a cada una a su casa. Sus autos no me interesan, que vengan ellas a buscarlos después. No quiero asistir a ningún velorio los próximos días.
Casi a las tres de la mañana llego al departamento, estoy cansada, tengo hambre y a la vez sueño. Me quito los zapatos con cuidado y camino derecho al baño para orinar antes de ir a prepararme un sándwich.
Dejo la cartera sobre el lavamanos y tomo el celular antes de sentarme en el inodoro, suspirando complacida cuando libero lo que había estado conteniendo la última hora.
Tengo varias notas de voz de Cy, cuando las escucho sonrío como idiota. Es él contándome que sólo falta un mes antes de volver por definitivo, de lo emocionado que está, lo mucho que me ama y las enormes ganas que tiene de venir a besarme y hacerme el amor. Dice que nos ama y que siempre piensa en la familia que seremos.
Eso me ablanda el alma, así que termino llorando como nenita sentada sobre la poceta con el celular entre las manos. Estoy lista para terminar aquí y salir a comer un poco cuando algo llama mi atención.
Siento un enorme vacío en el estómago cuando los nervios me atacan y empiezo a negarme a la idea de que sea posible lo que estoy viendo. Salgo disparada y me limpio la vulva con más lágrimas en los ojos, confirmando lo que he acabado de hallar en mis bragas.
Estoy sangrando.