Después del episodio en el que rompió las fotografías de Danny West en el mural, Moira se despertó acalambrada, todavía seguía en el suelo a la mañana siguiente y trató de recordar qué día era. ¡Martes!, maldijo por lo bajo porque debía ir a trabajar. Se arregló como pudo y se marchó, seguía con ese rictus amargo que le acompañaría los meses siguientes en los que no tendría noticias de Danny West.
—Estoy muerta...él murió y yo también..—se repetía una y otra vez.
Meses después caminaba distraídamente cuando una lujosa limosina pasó por encima de un charco de agua que se había juntado por la lluvia de la noche anterior y la salpicó entera. Se dispuso a insultar a los osados y cuando miró el interior del vehículo en movimiento, se quedó de una pieza, balbuceando..."Danny...Danny"...quiso llamarlo pero su lengua no le respondía.
Pasaron muchos minutos hasta que finalmente pudo entender que por azar de la vida se reencontró con su amor. Supo que era una señal porque no era posible que de tantas calles que tenía la ciudad, fuera a pasar precisamente por esta. ¿Acaso la estaba buscando a ella? Quiso correr por donde había visto perderse al vehículo por última vez pero ya no estaba..."Danny, Danny...es a mí a quien buscas...aquí estoy", gritaba en su mente.
"Bien", pensó..."si él no puede encontrarme, yo lo encontraré a él". Sabía que se encontraban en la misma ciudad, las posibilidades de encontrarse aumentaban...si pudieron hacerlo una vez, nada era imposible.
Llegó sonriendo a la cafetería y otra vez ignoró los reclamos de su jefe pues sabía bien que él tenía esperanzas de que alguna vez ella lo mirara con otros ojos. Se paseó atendiendo las mesas mientras tarareaba las canciones de Danny...¡había vuelto a la vida!.
Mark, el jefe de Moira era un tipo grandulón, excedido de peso pero de seguro en su juventud tenía una gran musculatura que por falta de práctica y por lo años de abandono de su cuerpo había perdido en algún momento. Quizás fue guapo en su juventud, era rubio, de ojos azules tan claros que parecían transparentes pero había perdido toda gracia por la mala vida que llevaba. Trasnochaba cada día para atender hasta la madrugada a los clientes de la cafetería que tenía. Empezaba muy temprano y terminaba de madrugada, durmiendo muy pocas horas diarias. Ni que decir de la atención que le profesaba a su esposa y cinco hijos. Casi no le veían la cara, eso hizo alejarlos aún más después de casi quince años de convivencia. Eran dos desconocidos que hacían su vida pero que compartían la misma cama para evitar la pérdida de tiempo y esfuerzo que demandaría cambiarse a otro espacio de la casa. Eso se sumaba a lo que sentía por la muchacha morena que trabajaba con él.
No veía las horas de verla aparecer con su cabello alborotado y sus ropas estrafalarias, mascando exageradamente un chicle, que se movía como si solo ella existiera. Lo tenía loco. De noche soñaba con ella y repetía su nombre, lo que había ganado furiosos golpes de su esposa y sus constantes reclamos. Lo peor de todo es que Moira sabía lo que causaba en él y lo castigaba con su indiferencia y con sus descaros, ya que era débil y no podía despedirla. Ese día llegó más alborotada que nunca, se acercó flotando y de un solo movimiento que lo tomó desprevenido, estampó un beso sonoro en la mejilla que lo dejó volando el resto del día con una estúpida sonrisa dibujada en el rostro.
El día de la conferencia de prensa fue un infierno. Los periodistas convocados empezaron su desfile varias horas antes de la cita. Debían pasar por un estricto protocolo de seguridad. Olga se presentó con una docena de ayudantes para ayudar a prepararse a Daira y dar los últimos retoques a Danny. La casa era un hervidero de personas que entraban y salían, subían y bajaban las escaleras. Nadie sabía por que había tanta conmoción y despliegue. Entendían que Danny West era una superestrella pero eso no era ninguna novedad.
A la hora acordada en punto, Danny se hizo presente en el recinto donde ya todos esperaban. Llegó rodeado de guardaespaldas y personal de seguridad los que se distribuyeron entre las personas que allí estaban para evitar cualquier accionar ajeno a lo que los convocaba. Los flashes de las cámaras y celulares enceguecieron por unos instantes a Daira a la que habían enfundado en un vestido precioso color crema, corte princesa, que le llegaba un poco arriba de las rodillas. Jamás había usado un vestido tan corto por lo que a cada rato, instintivamente intentaba bajárselo. Estaba parada al lado del podio desde donde Danny respondía las preguntas avasalladoras de los periodistas.
"¿Por qué se alejó de los escenarios? ¿Por qué no explicó cual era su situación desde un principio?¿Esta vida que lleva ahora es mejor que la de antes?¿Piensa regresar un día?" Muchas de éstas fueron respondidas por un "No sé, el tiempo dirá". Danny intentaba mantenerse tranquilo y dar respuestas concretas y con la menor cantidad de palabras posibles.
Cuando ya no tuvieron más que preguntar por su vida, atacaron a la joven que estaba tan bien presentable que se encontraba a su lado. Se acordaron que era la misma con la que había asistido a la fiesta de gala. Danny acalló los comentarios y los llamó a silencio.
—A partir de hoy no deseo que se hagan comentarios acerca de mi vida privada —les dijo con un gesto que no daba lugar a desobedecerlo, —Acércate, Daira, por favor —le dijo sin mirarla.
Sacó un anillo del bolsillo del traje y tomando la mano de ella, se lo puso en el dedo anular con un movimiento rápido.
—Quiero anunciar que estoy comprometido con la señorita Daira Carson y próximamente anunciaremos nuestra boda. ¡Es todo! —y salió sin mirar atrás. Temía que si la miraba, el muro que intentaba construir se derrumbara. Su familia ya lo presionaba. No debía pasar más tiempo por lo que la conferencia mataría dos pájaros de un tiro.