Transcurrieron los días y las semanas. Daira se afianzaba cada vez más en el trabajo y se anticipaba a los pedidos de Danny. Él ya no tenía nada que objetar, definitivamente era brillante. Se percató que Daira realizaba el mismo ritual a diario, era muy estricta con todo, excesivamente puntual y correcta. Tenía un poco de problemas para relacionarse con las personas. Le faltaba ese carisma que a él le sobraba. Tendría que buscar la manera de adiestrarla en ese campo.
—Daira, ven a mi oficina —llamó por el intercomunicador.
—Jefe, ya tengo todo lo que me pidió. Se lo dejaré a última hora —dijo ella con sus mejillas rojas al entrar.
—No es por eso que te llamé —le dijo y le extendió una hermosa tarjeta ribeteada en dorado con letras brillantes.
—¿Qué es esto? —le preguntó frunciendo el ceño.
—Una invitación, debo ir a la cena anual de gala de empresarios. Es algo que no puedo evitar lamentablemente, allí se establecen muchas relaciones con potenciales clientes.
¡Perfecto!, agendaré el día y la hora. Llamaré al peluquero y al sastre..¿adónde los convoco?¿Acá o en la mansión? —le dijo ella como siempre, sin mirarlo a la cara y ocupada en su agenda.
—En la mansión estará bien. Necesito que busques además un vestido de gala.
—Como no, ¿qué talla? —preguntó afanada en sus apuntes.
—¿Qué talla eres? —le preguntó recorriendo su cuerpo con la mirada, de forma involuntaria. Ella se estremeció.
—N-no entiendo, es para alguien de mi talla? Generalmente me va el treinta y seis pero a veces puede ser un poco más, depende del calce... —empezó con una perorata a la que él interrumpió.
—Tú irás conmigo, Daira —le dijo seriamente.
Ella se quedó de nuevo en pausa, como siempre le pasaba hasta que procesaba la información.
—Ppero..no soy empresaria, solo soy su asistente —le dijo esperanzada de que él cambiaría de opinión.
—Si miras bien, dice cantidad de personas: dos. Es decir que debo llevar a alguien...
—¿P-pero por que yo? Puede ir con Mike, él es divertido, extrovertido, siempre tiene temas de conversación, es el hombre más interesante que he conocido..yo...
—Dije que tú irás conmigo...—le dijo ya molesto por el comentario de ella sobre Mike. "¿Con que Mike es el hombre más interesante del mundo?", quedó calculando en su cabeza..."Pronto arreglaremos esto"...
—Yyo..no tengo ningún vestido para usar en una ocasión así, le haría pasar vergüenza...—seguía escudándose Daira.
—Te daré el número de una persona que puede ayudarte con eso. La llamas y acuerdas una cita —dijo extendiéndole una tarjeta —le dices que vas de mi parte. Te quiero lista el sábado a la noche. Es todo. Puedes retirarte —la despidió dejándola balbuceando y sin poder cerrar la boca del asombro.
Inventó miles de razones por las que podría dejar de asistir pero sabía que cuando su jefe ordenaba algo no había manera de hacerle cambiar de parecer. Miró la tarjeta y llamó. Resultó ser que se trataba de una estilista y asesora de vestuario que al escuchar el nombre de Danny, estuvo gustosa de ayudar a la muchacha. Pasó por interminables sesiones de masajes reafirmantes, depilación, desintoxicación, limpieza de cutis. Se sentía cohibida con tanta gente alrededor que la veía desnuda, aunque era un ejército de mujeres experimentadas dirigidas con rigor por Olga, una rusa imponente que ya estaba acostumbrada a los pedidos de famosos como Danny West.
Finalmente llegó el gran día. Daira estaba histérica, no pudo dormir en toda la noche. Se revolvía en la cama, las sábanas quedaron hechas un desastre. Sentía que era muy grande la carga para ella, una pobre mortal que solo quería meterse en sus novelitas baratas y hacer su trabajo. ¿Por qué se había empeñado Danny en hacerle eso? ¿Tanto la odiaba? ¡A ella!! que lo habría seguido hasta el fin del mundo en sus sueños. Suspiró por vigésimo sexta vez frente al espejo. Nunca le gustó como se veía. De niña su madre siempre le dijo que se parecía a su padre, y pensó que así era. En lo único en lo que se puso firme con Olga fue en conservar su color natural de cabello. No le apetecía en nada parecerse a todas esas rubias teñidas con las que se cruzaba a diario. Si bien no estaba conforme con su aspecto, quería conservar su esencia, no la cambiaría por nada. Se alisó el hermoso vestido azul francia que finalmente eligieron entre todos con los colaboradores de Olga, después de una prueba exhaustiva de al menos veinte atuendos diferentes.
Miró el reloj, ¡las ocho!! Danny le pidió que estuviera lista a esa hora. Bajó lentamente por las escaleras, cada paso era un suplicio, pues no estaba acostumbrada a caminar con tacones. Llegó a la entrada principal y no había nadie. Esperó un momento y enseguida apareció Charles, el chofer
—Señorita Carson, el señor me pidió que la llevara al evento directamente. Él tuvo que pasar por la oficina a terminar un papeleo pero no se preocupe, la esperará allá —le dijo abriendo la puerta de la limousina en donde se trasladaría.
Daira pensaba en las razones por las que Danny se ausentaría a estas horas. No podía haber nadie en la oficina, ¿por qué no le pidió que lo acompañara? Seguramente ella podría ayudarlo a resolver lo que fuera.
El Hotel Grand Star, lujosísimo, grande, espectacular, estaba especialmente iluminado esa noche. Había flores, luces y guirnaldas por todos lados, exquisitamente decorado. La crema y nata de la sociedad de Ciudad Pozos iba a encontrarse allí. Daira miraba todo maravillada por tanto glamour. Más allá, a una cuadra del hotel y detrás de una valla hecha por el personal de seguridad pudo observar una muchedumbre que se encontraba agolpada. No imaginó que era un acontecimiento tan importante. Charles la ayudó a bajarse y la acompañó hasta la entrada.
—Esperaremos al señor aquí —dijo. Cuando estuvieron ya en el hall del hotel, podía escucharse a una sinfónica adentro. La música era bellísima, cerró los ojos tratando de seguir el ritmo de los violines. Abrió los ojos al sentir una presencia cercana y se encontró de frente con Danny que la observaba de una manera extraña.
—¿Entramos? —preguntó ofreciéndole su brazo en jarra.
—Si, por supuesto, señor —le dijo un tanto contrariada por el contacto con su cuerpo.
—Ni se te ocurra tratarme de señor delante de las personas que están aquí —su voz tenía en tono de reproche.
—S-si, señor, por supuesto —le contestó ella. Danny se puso la mano en la frente en señal de sarcasmo.
En ese ademán recién pudo observarlo con detenimiento. Llevaba un traje hecho a la medida de un azul un poco más oscuro que su vestido, una camisa blanca y sin corbata, peinado prolijamente hacia atrás y bien afeitado. Olía maravillosamente, seguramente un caro perfume que volvería locas a las mujeres con las que pasaba su tiempo.
A medida que se acercaban al salón principal empezó a verse más gente , la música tronaba y los mozos corrían de un lado a otro sirviendo bebidas y aperitivos. Danny se acercaba a aquellas personas que conocía del negocio y saludaba cordialmente, presentándola simplemente como Daira, quien se sorprendió del despliegue de simpatía y sus dones para establecer contacto con los demás. En todo momento estuvo a su lado.
Daira sentía un puño en la boca del estómago. La ponía nerviosa estar en medio de tanta gente vestida como estaba. Nunca había usado algo así, con esa prenda un poco más escotada de lo habitual y unos ribetes plateados en los bordes, ajustado a la cintura y ensanchado en la falda que le cubría apenas los pies. Estaba maquillada con tonos dorados, casi al natural, el cabello apenas recogido, con mechones que caían por los bordes, la cartera era pequeña y sin adornos. Todo en ella era elegancia y sencillez.
Danny no podía ni mirarla, sentía que si se detenía mucho tiempo a observarla perdería el autocontrol que se había impuesto. Se quedó de una pieza cuando la vió al entrar y observó sus brazos alargados y su hermoso cuello descubierto, por eso le costó mucho esfuerzo no dirigir la mirada a ese lugar en el transcurso de la noche.
Después de la cena todo transcurrió tranquilamente. Se dio paso al baile, el cual inauguraron dos ancianos simpáticos que bailaban un vals al ritmo de los violines. Algunas parejas les siguieron. Simon, un viejo amigo de la familia West se acercó a ellos y los llevó a rastras del brazo hasta el centro de la pista.
—Y-yo..no sé bailar —le dijo. Era una melodía suave, observó a las parejas en la pista. Todos estaban muy juntos. Se ruborizó hasta el cabello...
—Ni yo, pero no vamos a contrariar a Simon —le dijo el seriamente. La tomó de la cintura y acomodó los brazos de ella hasta la posición de baile. Empezaron un movimiento suave, al son de la música. Ella con la mirada gacha, tenía miedo que él leyera lo que estaba pensando en ese momento. Él, con la mirada puesta en ella, trataba de adivinar lo que pensaba. Una electricidad circulaba entre ambos, dejándolos sin habla. Repentinamente la música se detuvo y alguien subió al escenario a hablar por el micrófono para dar las gracias a los presentes. Se separaron y trataron de prestar atención a lo que se hablaba. A Daira le recorría la misma electricidad de antes por todo el cuerpo y Danny se volvió taciturno y callado. Nadie debía saber lo que estaba pensando.
Terminaron los discursos y lentamente empezaron todos a dirigirse a la salida, de forma ordenada, sin apuros. Ellos se mezclaron con los demás y no volvieron a hablar...