LA FAMILIA

1024 Words
 A la hora de la cena se le ordenó bajar para conocer a la familia. Allí estaban la madre y dos de las tres hermanas de Danny que la miraban como si fuera un bicho raro, le pasaban un scaner analizando desde el entramado del tejido hasta la paleta de colores de su ropa. Por supuesto que una muchacha como ella y con el sueldo que tenía no usaría ropas de marca ni de alta costura...tampoco se vestía de manera escandalosa ya que por su trabajo siempre se había mantenido formal, no quería dar lugar a malos entendidos con los clientes con los que trataba a diario. Sus blusas eran todas abotonadas hasta arriba, sus faldas llegaban hasta dos dedos bajo las rodillas y el saco siempre justo. Cuando se ponía pantalones, eran de tela y siempre de corte hombre, no eran ajustados ni marcaban nada. Tampoco usaba transparencias. Richard siempre la criticaba porque se parecía a su abuela. Era una joven encerrada en un cuerpo de anciana. A Daira jamás le importó lo que los demás pensaran de ella o su forma de vestir. Saludó cortésmente a todas, repasando el nombre de cada una para no olvidarse, pidió permiso para retirarse y se dirigía a la escalera cuando una voz la detuvo: —¿Adónde vas?¿Ya has cenado? —Era Danny! Y ya había regresado. Tenía esperanzas de no verlo el resto del día porque necesitaba tranquilizarse para poder dormir bien. Su presencia la dejaba siempre nerviosa, se parecía a correr una maratón aunque nunca había participado en una, el corazón galopaba rápidamente y un extraño calor se instalaba en su cuerpo. —Nno, señor pero no tengo hambre —le contestó tratando de mantener la compostura. Recordó los sueños calientes que había tenido la noche anterior en los que por supuesto, él estaba presente. Su mente volaba a cada rato a la cercana distancia a la que quedaba su habitación de la de ella, eso la hacía volar por lugares donde no debería visitar. —Vas a cenar con nosotros y de paso conoces a los demás —más bien sonaba como una orden que a una petición. —Ya fui presentada a su madre y hermanas, estuve con ellas hasta hace un momento. Y me va a disculpar, pero quisiera dormir temprano. No acostumbro a cenar, así que estaré bien. Permiso —dijo apresuradamente y subió corriendo por los peldaños mientras él quedaba observando sus movimientos.           Llegó a su cuarto sin aire y con el corazón desbocado. No podía creer el efecto que tenía ese hombre en ella, su sola voz le causaba espasmos. Se decidió a ir directamente a dormir aunque supo que no podría hacerlo. Trataría de relajarse con una ducha caliente.            Cuando Danny entró al comedor para participar de la cena familiar agradeció que Daira no quisiera estar en ese momento pues ni bien entró las mujeres empezaron a quejarse de la elección que había hecho. Sabía que hacía mal en no decirle a esa muchacha para que estaba realmente. Pensó que desviar la verdadera atención en otro rumbo había sido lo mejor. Su madre preguntó: —El plazo está por vencer, hijo. ¿Cuándo resolverás esto? —Yo sé lo que hago, madre. Deja que vayan dándose las cosas. —Debes ir preparando a la muchacha para estar en la cima del mundo y la verdad, le falta mucho. —Es una mujer trabajadora, inteligente y sana, no tiene defectos físicos ni ninguna incapacidad, mamá. ¿Qué querías? ¿Una de tantas plásticas con las que me he rodeado toda la vida? No, no y no. Yo sé porque la elegí, madre y no pienso echarme atrás. —Espero que sepas lo que haces, Danny. Es lo único que te pido... Su madre tenía la capacidad para hacerlo poner de mal humor. A pesar de haber llegado con mucho apetito éste desapareció como por arte de magia. Ojeó a las mujeres que estaban alrededor, todas mostraban un aura de refinación, habían vivido siempre rodeadas de lujos y no sabían lo que había más allá. Él había estado en los suburbios y sabía lo que era ganarse con esfuerzo el pan de cada día. Cuando se fue de casa a los dieciocho años con una guitarra bajo el brazo y sólo sus sueños como equipaje pensó que jamás lograría nada pero no se dejó amedrentar y luchó por hacerse conocer en lo que realmente quería. Sus hermanas eran mini copias de la matriarca de la casa. Se movían todas en los mismos ambientes y hasta podía decirse que hablaban igual, hasta donde sabía nunca habían tenido desviaciones propias de la adolescencia o juventud. Su hermana mayor ya estaba casada con el primer imbécil que sus padres eligieron de marido porque lamentablemente, en su familia hasta ahora todos los matrimonios habían sido arreglados para acrecentar más aún los tentáculos gigantes de Corpus. Daba la impresión de que la empresa era la hija más querida del matrimonio West, por la que dejaban de lado la felicidad de sus mortales hijos, pensaba con amargura Danny mientras observaba atentamente a una por una repasando los pocos momentos que había compartido con ellas antes de marcharse. Agradecía haber conocido nuevos rumbos en esos doce años, los cuales le habían dado una madurez que nunca habría alcanzado quedándose bajo el sobreprotector techo de la mansión.            Estar cerca de Danny pero tan lejos a la vez tenía a Daira en una especie de trance. Había soñado toda la vida con eso y ahora que lo tenía, no sabía que hacer. Tenía los pensamientos todos revueltos que bullían en su mente. Nadie hablaba de la vida pasada de Danny como artista. Era un tema tabú que se había establecido silenciosamente. Todo era cordialidad y respeto en la mesa durante las comidas con la familia. Se hablaba solo lo necesario. Era increíble la poca comunicación que tenía esa familia y se preguntó por qué. Notó un aire de tristeza en el semblante de Danny. Era como si estuviera vacío, no había brillo en sus ojos...¿por qué?, quiso saber...pero no se atrevía...no debía preguntar...
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