Eli .
¿A dónde irás? —Pregunta Carolina entrando a mi habitación.
En este momento estoy lanzando ropa y ropa de mi armario, solo obtuvo un blue jeans n***o rotos muy ajustado, pero lo que no encuentro es una camisa que le favorezca. Seguramente a Carol se le pasen muchas ideas por su mente de dónde iría.
—Por ahí — mascullé desinteresada—. ¿Por qué?
La mirada lasciva que me llevó, hizo que pusiera los ojos en blanco. Sé a dónde quiere llegar, así que resuelto un bufido molesto, y prosigo a continuar en busca de una camisa bonita.
—Annelisse, ¿cuando piensas parar? —Reprende y la ignoro—. ¡No duras ni un mes en esos trabajos! ¡¿Así piensas estar toda la vida ?!
Bien, aquí voy, voy a explotar. —Es triste que no sepas que consiguió un trabajo decente. Dime, anda, ¿por qué no lo sabías?
Vi su rostro palidecer y proseguí. —Porque todas las noches vas de masoquista a dónde tu novio maltratador y yo olvidas a mí aquí. Exactamente solo veo en las mañanas y unas que otras veces en las tardes. No quedas conmigo a cenar como antes, porque como ya te dije vas de perrito faldero dónde estás estúpido novio. ¡Qué si se notan los morados de tus brazos Eliesse!
Su rostro estaba empapado en lágrimas, y mi corazón se oprimió. Al menos le solté la verdad, amo mucho a mi hermana pero si ella no sabe cómo salir de sus problemas no tiene porqué metros en los míos y tratar de aconsejarme, cómo cuando yo lo hago y ella ni caso me hace, entonces, ¿qué caso tiene? Busqué otro empleo diferente por hacer algo bien y ayudarla con los gastos del apartamento, ah pero, ¿qué sucede? Que ella se va de noche —y ni llega a la casa—, una casa del maldito novio abusador y ni mensaje deja. Viene después de una semana y yo hecho en cara que sigo en lo mismo solo porque no me presta atención, ya ni hablamos como antes, y mucho menos se queda en nuestra casa como antes, me está haciendo un lado por una relación extremadamente tóxica
Tomé una camisa de tiras negra pegada y una chaqueta de cuero blanco, unas botas de tacón aguja y me vestí. No noté ni siquiera alguna vez había salido Carol de mi habitación, pero sí sé qué podríamos tener de ida a la casa de su novio. Aquello último me enfermaba, que ella estaba con una persona así, pero supongo que el amor ciega muchas veces, como a ella le toca ahora. Fui a la cocina y tomé mi móvil, abrí la puerta del apartamento y salí, aún con la opresión dolorosa en mi pecho.
«No debería ser tan dura con ella». Pienso
«Tal vez necesite de mi ayuda y no lo note» , pienso de nuevo.
Pero, si fuera así, ya me habría contado, ya me habría dicho. Mi teléfono suena con una llamada entrante, lo tomo y sin ver el nombre respondido.
¿Hola ...?
- ¡ Cuéntamelo , ¿ya estás ahí ?! - Reí al escuchar la voz armoniosa de mi amiga.
No Abbs, me faltan unas cuantas calles por llegar — contesté—. Te aviso a penas salga, ¿sí? Estoy en la tienda al rededor de las tres.
Y con eso colgué. Caminé mirando las tiendas de mi alrededor, y también husmeando un poco a la gente. Las personas corrían cómo nunca como si su vida dependiera de ello, otras caminan lentísimo cómo pueden pedirles permiso para sus pies, cuantas parejas que vengan enamoradas riendo tomados de sus manos, y yo aquí, extremadamente sola, una mujer de relaciones abiertas - algunas veces son relaciones cerradas o cómo dirían ustedes, novios , sin ningún compromiso por ahora.
Frente a mí se convirtió en un edificio alto, de veinte o más plantas como mínimo. Entre en él mostrándole mi identificación al guardia que custodia la entrada y sin más entré a un elevador. La nota que traía en manos definidas piso 14. Marque el número y esperé a llegar, los minutos se hicieron extremadamente lentos hasta que por fin se abrió y vi vi arrollada por muchas personas que abrieron al elevador. Salí de ahí antes de que volviera a cerrar, y busqué a la recepcionista de esta planta, cuando la vi me acerqué a ella con una sonrisa amable.
—Hola — saludé—. Vengo de entrevista con el señor O'Conner.
La mirada que me siguió fue pura envidia, cómo dice mi hermana. Me vi totalmente relajada, y sonreí aún más más con arrogancia. Sí, algunas personas me envidiaban mucho. Debo admitir que soy extremadamente guapa, con un cuerpo de infarto natural y algunas partes salieron del hecho que me conocí en un gimnasio. Tengo un culo redondo grande —que muchas veces siento que me pesa—, pierna larga, gordas y duras, y senos de un tamaño, podría decirse normal. Soy pelirroja de ojos azules y mi piel es muy blanca.
Sin duda, la mujer frente a mí, no me ganaba ni un poco. ¿Pero qué digo? Esto no es competencia.
—La espera en su oficina, justo al frente — no sonrió y yo mucho menos.
Me dirigí a un paso lento a la puerta hasta dar tres toques, y escuchar que me invitara a pasar. Pasé observando el lugar, algo acogedor y muy limpio. Había de color mucho blanco y gris, lo único de color que había en esta Oficina era un porta retratos azul chillón que descansaba en la mesa donde Conner reposaba sus brazos. Noté como miraba disimuladamente mi cuerpo, y sonreí —de nuevo—, arrogante. Debo admitir que el hombre frente a mí, luce muchísimo más guapo en persona, y que el cosquilleo que se formaba en mi entrepierna necesitaba ser apagado por él desde ya.
Relamí mis labios que los complicados extremadamente secos.
—Señorita Donnell, siéntese —pregunté y lo hice gustosa—. Iré directamente al grano, está contratada.
Hice un gesto de sorpresa, aparentando estarlo. Realmente no me asombraba, ya que había dejado con un muy buen gusto a mis otros jefes y dos me dio otro punto de favor a mí. También por un lado no era tan mala, hacia el trabajo que me pidiesen además de sexo, soy muy buena siendo secretaria, tengo mucha paciencia, hago todo con calma y rápido.
—Muchísimas gracias —relamí mis labios de nuevo—. ¿Cuándo comienza? —Pregunto inocentemente.
Cruzo mis piernas y adoptar una postura profesional, Conner recargó su espalda en la silla giratoria, y me sentí una mirada que contenía deseo. ¡Vaya! No soy la única. —Nótese la ironía en mis palabras—.
—Sí puede, ahora mismo — su voz se escuchó ronca y sexy.
Mi corazón volteó furioso—. Pero por supuesto.
Sonreí alegre, había obtenido mi cometa, pero siento que esta vez será un poquito, solo un poquito diferente con el hecho de que no lo quería para meses, sino por un buen tiempo. Tal vez con el hecho de ofrecerle un trato funcionaria todo.
«Juegas con fuego, Elisse».
Siempre.