Caminé en pasos de muerto viviente al baño, es demasiado temprano, vi que dieron apenas las cinco de la mañana, definitivamente hoy no faltaré al instituto a pesar de que mi cabeza quema y toda luz les hace daño a mis ojos.
Encendí la ducha y pisé una camisa, es una playera blanca de hombre, y definitivamente no es mía, demonios, esta debe ser de Adam ¿En qué momento entró a mi habitación?
Tomé una ducha que no duro más de cinco minutos, me vestí con el clásico uniforme que alguna persona que odia a los adolescentes escogió metódicamente.
Salí a toda prisa de mi habitación con la camiseta de Adam en manos para reclamarle ¿Con que derecho se pone, (de seguro), ebrio y toma una ducha en mi habitación?
Metí la playera a la lavadora, porque huele a perfume y alcohol.
Después de lavarla junto con otra ropa, la saqué, miré mi reloj de muñeca, las seis, siendo que entro a las ocho con veinte, no tengo razones para preocuparme, sigue siendo muy temprano para irme así que aun tuve tiempo de un capricho como lo es reclamarle y molestar a mi hermano.
— ¡Adam! ¡Tú, pedazo de asno! Dejaste tu playera en mi habitación —Se la lancé al rostro mientras éste desayunaba cereales. Él frunció el ceño desconcertado y miró la camisa.
—Esta camisa no es mía Emma, ¿De quién es? —Hizo un puño con ella. Me quedé petrificada frente a él y sus cereales. Tuve que mantener la calma para saber qué sucedía.
— ¿Qué? ¿No es tuya? —Me sonrojé como nunca en la vida al recordad a Jesse Darcy dándome su camisa puesto que... Me desnudé. No sé por qué estoy más apenada, si por Jesse viéndome en ropa interior... O por Adam quien parece que va a explotar.
—Carajo. —Susurré recordando un poco de lo de la noche de mi borrachera. Carraspeé. — ¡Dame eso! —Grité, no le daré motivos a Jesse para reclamarme nada, ni siquiera su cochina camisa.
— Nonono, ahora me dices de quién es. —Sonrió cuan asesino en serie. Se levantó de la silla —Por Dios santo Emma, dime o juro que como en la cenicienta buscaré al dueño de esta camisa, pero no para casarme si no para asesinarlo.
— ¡No seas dramático! —Ágilmente, e intentando restarle importancia, le arrebaté la camisa —Ya pude hacer memoria. Es de Patrick, ¿Recuerdas? Mi amigo de la infancia.
— ¿Patrick? –Me miró extrañado. —Creí que ya no hablabas con él —Alzó una ceja, totalmente incrédulo de mis palabras y se cruzó en brazos. Tiene razones para no creerlo, no hablaría con Pat ni, aunque me pagaran. Aunque, pensándolo bien, probablemente él ni siquiera ha prestado atención a mi ausencia.
—Pues claro que hablo con él. —Mentí con la naturalidad de un mitómano. —De hecho, somos mejores amigos otra vez. —Sonreí. Me pasé al decir eso, principalmente por la connotación que tiene el hecho de llamarlo así.
— ¿Patrick? —Llegó mamá a la cocina apurada, ya va tarde, siempre llega tarde a su trabajo —Creí que ya no hablabas con él. —Siempre hay que agradecerle a mamá como me ayuda.
—Gracias mamá, nadie me apoya mejor que tú. —Fruncí el entrecejo. —Por supuesto que hablamos, somos como siempre hemos sido. Mejores amigos.
—Háblale —Me susurró Adam. Sentí el corazón en la boca, no he hablado con él, es decir, en años. Tragué saliva, repasé en mi cabeza las situaciones viví para intentar conquistar a Patrick de una forma fallida.
—Nunca —Le susurré. —No tengo por qué demostrarte nada.
—Mamá se enterará. —Me canturreó. —Y yo asesinaré a todos hasta que abras la boca y me digas quién es.
—Maldito psicópata. —Susurré viendo a mamá recelosa de que sospeché de nuestra conversación. Si Adam lo desea, puede ser una patada en el trasero, es un don familiar.
—Háblale. —Volvió a susurrar, pero esta vez más fuerte, casi como si planificara que mamá lo escuchase. Demonios, nadie sabe que Jesse Darcy estuvo en mi habitación hasta quién sabe qué hora.
—No tengo su número —Murmuré, y es la primera cosa cierta que he dicho en toda la mañana, eso me hace sentir un poco menos mal conmigo misma. Nunca he sido de mentir.
—Yo lo tengo. —Susurró, no pude evitar volver a verlo asustada, por supuesto que él no perdió la oportunidad y me giñó el ojo dándome mi sentencia de muerte.
—Bien chicos, ya me tengo que ir —Me besó la frente y a Adam le dio un abrazo.
—Que tengan un buen día, y tú —Señaló a mi hermano —Disfruta tu última semana de universitario.
—Naturalmente. —Sonrió mi hermano —Esta camisa sí es linda ¿No mamá? Verás, es una historia muy divertida... —Lo interrumpí antes de que cometiese una idiotez.
— ¡Tengo que hablar con mi amigo Patrick! —Grité para afirmarle al desgraciado de mi hermano que lo haré. Bueno, pues está terminando la carrera correcta, el muy infeliz sabe hacerse su papel.
— ¿Patrick? Creí que ya no le hablabas —Mi padre dijo y salió directamente de la casa detrás de mamá. No tuve que decirle nada, gracias a ti también, pensé.
—Toma —Con su dichosa sonrisa victoriosa, me extendió su celular, y por si no era suficiente, lo ha puesto en alta voz. —Ya está marcando, si es mentira Emma, te sacaré la sopa como dé lugar y no será bueno.
— ¿Hola? —Escuché su masculina voz y casi pude sentir sus ojos grandes y amigables verme fijamente. Mi garganta se secó, pero volvió en sí cuando miré a mi hermano expectante.
— ¡Patrick! ¡Amigo! —Reí nerviosa cuando mi voz tembló, hacía tanto que no hablaba con él que me pareció que es un desconocido, técnicamente intentaré que un desconocido mienta por mí.
— ¿Emma? —Reconoció mi voz al instante. Calló unos segundos, y después de un extraño sonido que hizo con su boca seguramente agregó: —Creí que ya no me hablabas —Comencé a sudar frio cuando sentí la oscura mirada de mi hermano
—Ay, pero qué bromista. —Me reí nerviosa. Adam se cruzó en brazos. —Por cierto, ¡Dejaste tu camiseta que se manchó de sangre el otro día en la escuela!
¿Recuerdas que te dije que yo la lavaría? Porque yo sé cómo quitar sangre de camisas y tú no. ¿Recuerdas? —Nos quedamos esperando en la línea un par de segundos eternos. Por favor, Patrick, por favor.
—Sí, claro, la camisa, supongo que tu hermano está ahí ¿No? Mándale saludos de mi parte, y ¿Emma?, hablamos en la escuela. —Todo lo dijo con una naturalidad que me dejó helada. ¿Todo el mundo miente así de bien?
—Adiós amigo. —Dije, aun me tembló la voz. Éste se quedó en silencio de nuevo, la verdad no quise responder eso de "Hablamos en la escuela".
—Adiós amiga... —Susurró y sentí un nudo en la garganta, entendí por qué se quedó en silencio previamente. —Emma, Espera.
— ¿Dime? —Murmuré muy bajito. Tenemos que aparentar ser amigos, y al parecer no está funcionando por mi sentimentalismo.
—Te veo en la entrada para que me des mi camisa. —Murmuró en tono duro, por consiguiente, tragué saliva duro.
—Sí claro —Respondí naturalmente. Me encogí en hombros para que Adam me viese normal y tranquila, agradezco por primera vez en la vida estar utilizando uniforme, porque así no puede ver mis rodillas temblar como gelatina.
—En la entrada Emma. —Reafirmó, y colgó el teléfono, mi hermano y yo nos miramos incomodos. Ahí tienes orangután.
Para que entiendan la gravedad del asunto, Patrick y yo fuimos amigos de los ocho, hasta los quince años; todo el mundo, incluyéndolo a él, sabían que yo estaba obsesivamente loca por sus huesos, y éste se aprovechaba de mi situación cuando tenía la más mínima oportunidad.
Si necesitaba que alguien hiciera una tarea por él, silbado y aplaudiendo yo lo hacía, se divertía con mis sonrisas tontas, con mis mejillas sonrojadas cuando me daba un cumplido, y principalmente cuando le mandaba cartas de amor. Era una intensa hecha y derecha.
Un día, en la fiesta de Frida, una vieja compañera de secundaria, le confesé mis sentimientos; para entonces yo no sabía que Patrick era consiente de ellos, y él reaccionó técnicamente agrediéndome incómodo y apenado, llegó a tal grado de preguntarme del por qué lo acosaba (Súper ironía, lo sé), y que, entre él y yo, jamás habría nada.
Y fue todo.
Me juré que no me sucedería de nuevo nada parecido a eso.
—Entonces es cierto. Amigos de nuevo ¿ah? —Se burló Adam —Ojalá y no te rompa el corazón como siempre. —Sonreí, la verdad es que después de que actuó de ese modo conmigo, algo en mí dejó de ser, dejé de ser ingenua, y Patrick me tiene sin cuidado, también lo que Adam opine de nuestra “amistad”.
—Eres un imbécil —canturreé, con mi mochila en manos salí de la casa antes de incendiarlo a él dentro de ella.
— ¡Qué mal te tomas una broma! —Escuché su voz a lo lejos. No puedo creer esto. Es como si volviera a tener 15 años, es como si todo se repitiera, pero bueno ¿Quién podría negar que el desgraciado me salvó el pellejo?
No vi al auto de la tía Mara fuera, y la escuela sólo está a un par de kilómetros, es temprano así que puedo caminar. Saqué mi teléfono y marqué su número.
— ¿Emma? —Habló mi tía en un murmullo chillón. —Siento no poder ir de último momento... Pero Angie... Le avisaré a tu mamá. —Se detuvo a sí misma.
— ¿Qué? ¿Qué con Angie? —Pregunté sintiendo una extraña desesperación en el pecho. Ella suspiró tendidamente y sorbió su nariz.
—No te preocupes, sólo está un poco alterada, subieron una foto suya a la red social, tú sabes, una de las fotos... —Ella se silenció para que su voz no se cortara.
—Mejor para ustedes, rastreen de dónde fue mandada la maldita imagen. No te preocupes por mí. —Pedí con calma. —Ni por mamá. Ya le he avisado yo.
— ¿En serio? —Ella murmuró —Pídele una disculpa de mi parte, y ¿Puedo hablar con ella un minuto? —Demonios.
—Ya se fue. ¿Quieren que las visite en la tarde? —Pregunté intentando evadirla. Supongo que, en su estado, del que no debería aprovecharme, no pondrá atención al detalle.
— No creo que sea tan buena idea… Ella está apenadísima, está pensando idioteces, será mejor que…que se relaje un poco. ¿Podrías mejor venir mañana?
–Preguntó.
—Claro —Afirmé —Puedo ir y platicar con Angie. —Ella no dijo nada, y decidí terminar con la conversación —Hasta pronto entonces.
Caminé en silencio. Maldita sea la hora en la que dejé mis audífonos sobre mi escritorio, caminar sola por la calle sin música es como no caminar, es como ir en estado zombi.
—Sube —Escuché a un lado en la calle y pegué un brinquito sintiendo mi piel de gallina. Al momento me percaté de quien es. Se le está haciendo costumbre hacer bobadas como esta.
— ¡¿Quién demonios te crees?! —Puse mi mano sobre mi pecho. Jodido Evan psicópata. Él estaba observando su celular, pronto volvió sus ojos a mí, esta vez lo noté alarmado por algo.
—Son varios kilómetros, Sube. —Me ordenó en voz baja, con toda calma y una mano sobre el volante, la otra sobre el asiento del copiloto.
— ¡Lárgate renacuajo! —Grité asustada, sus ojos fijos y oscuros me miraron, manejó con suficiente lentitud para seguir mis pasos lentos. Volvió a mirar su celular y tragó saliva.
—No Emma, es peligroso —Advirtió. Evan rodó los ojos y le dio palmadas al asiento del copiloto.
—Evan. –Cerré los ojos y me relajé un poco. –Lo agradezco, pero tengo pies
¿Te gusto, o algo por el estilo? —Este me dedicó una sonora carcajada. Bueno, era una buena opción para alejarlo, pero al parecer no funcionó
— ¿Tú? —Se burló — ¡Eres tan tonta Emma! ¡Quiero ser tu amigo! Eres muy rara. Sólo quiero ayudarte porque sí, quiero amigos y eso.
— Eso no ayuda en nada para que quiera subir a tu auto. —Me burlé y fijé mi vista al frente, intentando ignorarlo, él se quedó en silencio aun manejando a mi lado.
—Sube a mi auto y hablaremos —Murmuró seriamente como si fuera la cosa más importante del mundo, me miró y volvió su vista a la carretera aleatoriamente, con sus carbonosos ojos grandes.
— ¿Y ni siquiera me ofreces caramelos pervertido? —Me reí haciendo insinuación al estereotipo de los p*******s.
—Tengo una paleta, pero creo que la aplasté con mis… —Rodé los ojos, no entiende nada de chistes es como un niño de dos años.
— ¡No es en serio! —Grité alzando mis brazos exasperada. No se puede ser más demente porque no se puede ser más Evan.
—Bueno, como gustes, orgullosa. Muere atropellada, —El resto es historia, como siempre, haciendo uno de sus, ya afamados aspavientos, él aceleró haciendo rechinar sus llantas.
Ay, ¡Pero ¡qué raro es este chico! Lucía realmente bien, como si cada día se volviese más normal, siendo que cuando lo conocí, se veía como un friki en su máxima potencia, luego en la fiesta lucía un poco mejor, hoy luce sin ojeras, y sus ojos brillan, sus rulos rubios siguen siendo un desastre adorable.
Suspiré cansada, obviamente no tengo mucha condición física, y lo había olvidado.
Finalmente llegué al instituto con tres minutos de atraso a pesar de que salí temprano de casa, obviamente de ir con el psicópata de Evan, ya estaría ahí de hace horas, pero bueno, nunca subiría a su auto.
—Emma... —Escuché una elocuente voz, no de Evan, no de Jesse, Patrick.
— ¡Patrick! —Mi voz sonó excesivamente fuerte y casi hiperventilé, alcé mi barbilla para disimular mi nerviosismo. — ¿Qué quieres?
—Tú sabes. Pat se quedó extrañado ¡Pero claro! La maldita camisa de Jesse
que me ha metido en problemas toda la mañana. Solté el aire y lo vi, casi pude escuchar los aleteos de mariposas dentro de mi estómago. Es como cuando tienes un amor platónico y aunque pasen años y lo hayas superado el mismo efecto surge dentro de ti, aunque lo quieras evitar.
—Siento lo de esta mañana. –Cerré los ojos. —Mi hermano hacía muchas preguntas y Tranquilamente Patrick me interrumpió.
—Fui la primera persona en la que pensaste. —Sonrió de lado y no pude evitar mirar directo a sus grandes ojos claros. No ha cambiado nada en su mirada, sigue teniendo los ojos más tiernos y nobles, sigue creyendo que me tiene a sus pies.
—Más bien no quería molestar a nadie que me importara. —Hablé firmemente. No hablábamos de hace dos años, y es como si el tiempo se hubiera detenido. Su cabellera castaña la cambió por un peinado más corto y con gel, se sigue poniendo el cárdigan azul marino y sus pasos siguen un poco lentos con las manos en los bolsillos de su pantalón. Las ojeras largas y redondas siguen ahí.
Es extraño que estando en la misma preparatoria, sean contadas las veces que nos hayamos visto. Supongo que primero fue mi costumbre de esconderme de él, y después simplemente se convirtió en algo habitual.
—Yo sólo me apego a los hechos. —Sonrió, me miró de pies a cabeza, con una calma casi alarmante. Sonrió con más fuerza y con un brillo en sus ojos me dijo: —Vamos, quiero saber de ti ¿Cómo estás?
—Bien —Contesté, no necesito esto. No quiero hablarle, porque sé que siempre me va a encantar secretamente y a mí y a mi estabilidad emocional no les conviene.
—Oye, comprenderé si no quieres hablarme sobre la camisa. —Murmuró en voz baja, como el secreto nacional mejor oculto por el gobierno.
—Ni siquiera lo había considerado. —Afirmé con naturalidad y se quedó en silencio asintiendo con la cabeza mientras caminábamos a nuestras respectivas clases. –Bueno, de nuevo gracias, Patrick, no olvidaré este gesto.
—Entonces... —Este hizo una mueca con los labios, deteniéndome de nueva cuenta. — ¿Es de tu novio? ¿La camisa le pertenece a un pretendiente?
— ¿Por qué te importa? —Alcé una ceja divertida por la expresión repulsiva que su rostro expulsa como si fuese un pecado que yo tuviese novio.
—Pues, por lo que sé de ti, vaya, lo que sé de mi mejor amiga es que no anda por ahí con una camisa de algún tipo. —Frunció el ceño —Tú eres Srta. dulce
¿Recuerdas? –Aquel apodo lo concretamos años atrás, cuando él me proclamó como la chica más dulce de todo el planeta, me había sentido alagada en aquel momento, más ahora me doy cuenta del trasfondo, y siento nauseas.
—Espera un momento. —Lo detuve con las manos — Las cosas han cambiado, y en serio agradezco el favor que me hiciste con Adam, pero ya estoy bien como estoy, y si quieres verme como Srta. Zorra, pues por algo tenemos libertad de pensamiento. –Sonreí, lista para irme.
—Señorita Zorra… —Se rió, me encogí en hombros, evitando que mis piernas flaqueen. —Bueno... di por hecho muchas cosas que han cambiado… Cambiaste.
—Supongo que era lo justo. —Este asintió con la cabeza, estaba completamente confundido. Cuando me soñé días y días a mí misma diciendo exactamente estas palabras, creí que sería algo placentero, pero ahora, sólo quiero ser honesta, clara y firme con él.
—Entonces... Tengo clase de Historia, ¿Nos vemos por ahí? —Sonreí, sintiéndome tranquila por fin. A diferencia de él, si tengo moral, y no quiero hacerle lo que él me hizo.
—Sí. Si es que nos vemos de nuevo —Me burlé —No nos hemos visto en tiempo, o hablado cuándo mínimo. —Dije. —Sería raro ahora ¿No?
—Lo haremos —Sonrió con toda confianza volviendo a él —Almuerzo, tú y yo como en los viejos tiempos. Mejor amiga.
—No creo que sea buena —Este me interrumpió:
—Almuerzo. —Sonrió de nuevo con una sonrisa atípica en él sobre mí. Sé lo que está haciendo. Personas como Patrick no soportan el rechazo, y el cree que puede tenerme de vuelta.
Corrí a mi clase de física.
—Emma Lacosku. Tarde. —Habló la maestra negando con la cabeza. —Tarde se traduce como CASTIGO. –Sus dientes son como los de un caballo relinchando.
— ¿Qué? —Fruncí el ceño. —Pero señorita Flores...
—La veo el viernes. —Rodé los ojos. Me crucé en brazos. —Y aunque me haga esas miraditas. —Estuve a nada de enseñarle el bonito anillo que tengo en el dedo medio, pero me controlé.
Más tarde en una clase extracurricular a las del resto, me encontré misma, lo cierto es que se trata de la primera vez que tomé esta clase, y ya me hizo tener tiempo de hacer amigos.
Pero bueno, es la clase de sexualidad con el amargado profesor Valenzuela y, a decir verdad, no sé quién está en este salón a esta hora, pero no me importa mucho.
Sin poder evitar mi notable aburrimiento, comencé a escribir en mi cuaderno una lista de mi posible acosador.
Candidatos de mi posible acosador.
*Jesse Darcy: Maldad en la mirada. Seguro que está ocultándome algo.
*Evan Salvador: No necesita descripción.
*Patrick: Bueno, Patrick tal vez no, pero sería menos maligno que el resto...
—Señorita Emma... ¿Quiere compartir lo que escribe con el salón? —Me quedé paralizada. Ojalá que haya otra Emma, por favor que haya otra Emma, pero entonces soy la única Emma en el salón de sexualidad, donde se combinan tres salones diferentes.
Miré a mi esquina posterior, Jesse Darcy mirándome fijamente, frunciendo el ceño preocupado.
Miré a la esquina inferior, Evan mirándome con sus grandes ojos negros, sonriendo con cinismo. Cínico.
Tengo que mantener la calma, sólo escribí que considero a Jesse Darcy y a Evan Salvador, (dos grandes personajes de la preparatoria), mis acosadores. Hay una combinación de tres salones distintos aquí y el rumor de mi demencia podría esparcirse por toda la preparatoria. Casi nada.
—Señorita Emma, Estoy esperando... —Medio gritó escupiendo y alzando una ceja. Al carajo con el viejo calvo. El destino me juega como casi diario una broma cruel. Este definitivamente no es mi día.
—Profe, en realidad es algo privado. —Murmuré mirando mi cuaderno ahora cerrado, apretando con fuerza mis puños sobre él.
— ¿algo privado? Lo siento, no sabía que teníamos que servir a nuestros alumnos con cualquier petición. ¿Quiere que lo lea yo mismo? —Miré a Jesse por segunda vez algo torturada. Oh no. ¡Oh no! ¿Siempre estoy en situaciones vergonzosas? ¿Es obligación? —Como quiera —Sonriendo, él arrebató el cuaderno con naturalidad.
— ¡Los alumnos también tenemos derecho a la privacidad! —Protestó Jesse Darcy en mi defensa. Es como un héroe de película, y me irrita porque si llega a leer lo que dice ahí, se convertirá en el villano.
—Denúncieme —Casi se burló el profesor —Veremos cuanto logra usted. —se encogió en hombros contento.
—Pagará si lee eso. —Todos nos quedamos callados mirando a Evan, él miró fijamente a su lapicero.
— ¿Y tú qué? —Protestó Jesse frunciendo el ceño.
— ¿Yo que de qué? —Dijo este girando su asiento. Díganme egoísta, pero prefería una pelea entre el bipolar y el psicópata a que leyeran lo que escribí.
—Anómalo. —Murmuró Jesse. —Además ¿Qué tanto te puede importar Emma?
—Lo mismo que a ti —Sonrió Evan de manera incitante, provocando mi estremecimiento, Jesse se quedó estático por instantes, seguro le iba a gritar una barbaridad, pero el profesor Valenzuela interrumpió.
— ¡Bueno! ¡Basta! —Repuso el profesor, y miró atentamente mi cuaderno
—Mejor les leeré esto y veremos si alguien vuelve a poner su atención en cosas exteriores a la materia.
— ¡Pero profesor! —Intenté protestar, pero este comenzó a leer
—Candidatos a mi posible.... ¿Acosador? —Murmuró, y fijó su vista en mí frunciendo el ceño a sabiendas de que hay alguien acosándome.
—Sí… —Murmuré enterrándome en mi asiento. Maldición, no. No permitiré que eso pase.
Caminé en pasos firmes al profesor y le arranqué mi cuaderno de sus manos, y eso es lo más atrevido que he hecho desde que mordí a aquella niña en el kínder.
— ¡Con qué derecho…! —éste me miro con los ojos hechos plato, atónito, furioso. —Será mejor que me acompañe a dirección, señorita.
El timbre sonó minutos después de que yo saliera del aula. Sólo tengo mi cuaderno de sexualidad en manos. Pero no importó mucho, lo único que interesó fue que ni Evan ni Jesse se enteraron de lo que escribí ahí
— ¿No me harás nada si me acerco? Con eso de que te has revelado…—Me recibió Jesse finalmente con una sonrisa intrépida sobre sus labios, y con sus ojos verdosos brillando en felicidad, radiante.
—No muerdo aún. —Rodé los ojos, no lo he extrañado, la única razón por la que lo he buscado por él es el hecho de que le debo su camisa de mala suerte.
—Tu mochila —Me la extendió. La tomé con torpeza, pues pesa más de lo que parece en las manos de Darcy, yo, consiguiente a eso, saqué su camisa y se la lancé en el rostro de mono que tiene.
—Tu camisa —Este sonrió travieso. —Me ha causado muchos más problemas de los que imaginas.
— ¿Qué? ¿Con un chico? ¿Qué chico? —Ladeó la cabeza con genuino interés.
—Ningún chico —Fruncí el ceño. Rodé los ojos. —Bueno, sí un chico, pero no un chico, sólo mi hermano. —Murmuré frotándome las sienes, —Ah, y Patrick, pero no cuenta.
— ¿Qué? ¿Qué Patrick? —Darcy frunció ese ceño sin arrugas que tiene, caminé y él sin chistear ni pensárselo me siguió con toda naturalidad.
—No importa —Respondí cansada —Al fin. Sé que no debí.
— ¿A caso lavaste mi camisa, Emma? —Rió oliéndola. —Huele como tú. —Eso le provocó una sonrisa, y sentí mariposas que preferí ignorar por bien de mi salud mentir.
El silencio se propagó y de todas maneras el continuó con eso de seguirme. En definitiva, este tipo tiene sus objetivos bien fijos.
—Y entonces. Hoy casi no te he visto. —Le dije encogiéndome en hombros, sin
saber bien qué podría decir para continuar conversando. Él me miró sonriendo de nuevo, parece que eso que dije de algún modo le causó gracia.
—Ay, Emma —Se burló —Tú no me viste, pero yo a ti sí. Llegamos al comedor y sucedió lo que menos esperaba.
— ¡Emma! ¡Por aquí! —Alisa con Patrick sentados y Patrick gritando mi nombre por todo el comedor. Al momento Jesse clavó sus ojos como depredador a presa sobre Patrick.
— ¿Quién es? —Noté que su tono había pasado de juguetón a curioso e inconforme, Jesse Darcy despreciando a alguien, suena como algo extraño sobre los labios de cualquiera.
—Tu peor pesadilla —Me burlé en voz baja, caminé a con ellos.
—No por mucho —Respondió silenciosamente, como si lo dijese para sí mismo