Escuché el sonido del golpeteo de tacones por mi casa y los ladridos de Rocko pidiendo atención, la puerta de mi habitación se abrió y miré a mi madre, la cuál tenía lágrimas en los ojos y su cabellera no estaba demasiado arreglada. —¿Arturo? —dijo asombrada. —Arturo, ¿qué hice mal? —Moví a Mariola quien aún tenía la botella de vino en la mano. La acomodé en la cama, le quité la botella y salí de la habitación con mi madre. —Arturo, esa mujer puede ser tu madre y si haces esto, sicológicamente hablando hay algo que no hice bien cuando estabas pequeño. Hijo por favor, no hagas esto, perdóname y encuentra una linda jovencita a quien amar, ella es la mamá de alguien, está casada... Yo no te eduqué así —Le limpié las lágrimas y abracé a mi madre. —Arturo tú también culpas a tu mamá de algo,

