–¿Por qué te mueves tanto? –preguntó Elizabeth. –No quiero lastimarte –respondió Robert al volver a moverse en la cama, él primero tenía su mano sobre la cintura de Elizabeth, pero al escuchar una queja de dolor, la volvió a mover primero hacía la espalda y luego bajó poco a poco. –Te amo –le susurró Robert mientras le besaba el hombro. –También te amo, Robert –murmuró Elizabeth –. Pero puedes quitar tu mano de mi cu.lo. –¿Entonces dónde la coloco? Quiero abrazarte –se quejó. –Creí que querías algo más que abrazarme. –Ojalá pudiera –bufó él –. Pero con ese niño al otro lado no se puede hacer nada. Elizabeth miró hacía su lado derecho donde se encontraba Christián que al igual que Robert, no se había despegado de Elizabeth desde que salieron del hospital, se supone que la esta

