La mañana llegó intentando borrar los vestigios de la noche, pero sus intentos fueron insuficientes. Ni bien Lorenzo la vio sentada en el hall, con su café humeante entre sus manos y sus piernas dobladas contra su pecho supo que no quería dejarla ir. Pipa por su parte no necesito voltear para saber que había llegado, había desarrollado un radar sofisticado que le indicaba su presencia incluso sin mirarlo. Una energía diferente, como si pudieran conectar desde otro lado, como si su vida en adelante necesitara estar pendiente de él. -Tengo el identikit del comprador.- le anunció, impersonal, frío, arrojando el papel recién impreso sobre la mesa. No estaba seguro de lo que lo había llevado a hablarle así, pero era lo único que podía hacer. Pipa lo tomó sin querer enfrentar su rostro, el

