Pipa no podía perdonarse a sí misma. Había logrado justamente lo contrario de lo que había deseado. Había quedado catalogada como una chiquilina irresponsable y caprichosa, que no sabía medir ni el peligro ni las consecuencias de sus actos.
No se sentía preparada para enfrentar las miradas de reproche, incluso una merecida sanción por su accionar. El médico le había dicho que estaría bien, le había preguntado si quería llamar a algún familiar, pero ella había preferido no hacerlo, bastante tenía con su propia carga como para escuchar a su madre con exagerada preocupación y reproche oculto en su mirada.
No iba a llamar a nadie, podía tomar un taxi hasta su auto y luego regresar a su casa, pensaba al salir de aquel box de atención de urgencias y enfrentar la figura de Castro sentada en la sala de espera con su mirada puesta en lo que parecía una partida de Candy Crush.
-Estoy bien, no tenías que quedarte.- le dijo con ese tono de voz tan irritante que aparecía cuando se sentía demasiado culpable por algo.
Castro terminó la partida y entonces alzó su vista para mirarla.
-Así que no fue tan grave, después de todo.- respondió mientras se ponía de pie, con ese gesto rudo que siempre mostraba.
Pipa negó con su cabeza mientras bajaba la vista al suelo, estaba avergonzada, había hecho las cosas de una forma poco profesional y eso no le gustaba.
-Gracias por esperarme, voy a tomar un taxi.- se animó a decirle, una vez que estuvieron fuera del hospital y Castro chasqueó la lengua señalando su auto con su mano.
-¿No me digas que tenes valor para ir a buscar a un prófugo sola y no para subir a mi auto?- le dijo en un tono parecido a una broma, que para su forma de ser era mucho más de lo que Pipa hubiera esperado y, a lo mejor, fue por eso que aceptó que la llevara.
Subieron en silencio y escucharon la voz de John Fogerty por unas cuadras, Castro no la miraba pero Pipa podía sentir que no estaba enojada.
Entonces vio que tomaba un camino diferente al que conducía hacia su auto.
-Se que soles tomar atajos, pero mi auto está para el otro lado.- se aventuró a decirle y Castro alzó su ceja demorando la respuesta.
-De tu auto ya se encargó Gonzalez, estamos yendo a la unidad. - le anunció y al recibir la noticia Pipa comenzó a analizar su aspecto de un modo involuntario. Su remera clara había cambiado radicalmente de color y sus jeans guardaban más polvo del que hubiera deseado, se miró disimuladamente en el espejo retrovisor y las manchas de humo de sus mejillas confirmaron lo que sospechaba.
Castro abrió la guantera de su coche y le señaló un cepillo, junto con unos pañuelos descartables que Pipa agradeció en silencio. Al parecer así era esa mujer, dura por fuera pero capaz de tener gestos como el de esperarla en el hospital u ofrecerle un producto de higiene personal. No era que iban a volverse amigas, pero al menos, había algo de esperanza en aquella relación, pensó mientras limpiaba su rostro y comenzaba a peinarse.
Estacionaron frente al edificio y antes de bajar Castro colocó su mano sobre su brazo.
-No es alguien que te conviene.- le dijo sin necesidad de explicar a quién se refería, ambas sabían que aquel arrebato de lucir bien no había sido azaroso, pero prefirieron no discutirlo en ese momento. Pipa asintió con su cabeza y para la oficial fue suficiente como para bajar y volver a mostrarse displicente.
Pipa notó la mirada acusadora de Wilson pero prefirió ignorarla, ascendió en silencio junto a Castro y al entrar al piso toda la vergüenza llegó para instalarse en su mente.
-Menos mal que estás viva, si no ibas a ser el m*****o que menos duró en esta unidad.- la recibió Gonzalez con ese humor particular que tenía.
-EH.. Yo, quería..- comenzó a decir, pero Correa la interrumpió.
-Nos hiciste perder la única posibilidad que teníamos de atrapar a Rolo, ¿Contenta?- la increpó llevandola a bajar su vista.
-Ella solo quería…- comenzó a decir Walter, pero Correa lo interrumpió también.
-Vos no digas nada, nos mandaste al lugar equivocado, quedamos como unos boludos charlando con una anciana que no tenía nada que ver.- dijo alzando su voz como si estuviera reprendiendo a sus propios hijos.
-Esto más que una unidad parece un jardín de infantes, con tantos millennials que se creen que este trabajo es fácil.- agregó mientras Pipa intercambiaba una mirada de perdón hacia Walter, quien se refugió en su monitor.
-Así no vamos a llegar a ningún lado, podemos tener pocos recursos, pero somos profesionales, Gonzalez así como lo ves es el tipo que más sabe de criminología en todo el país y Castro, es la mujer más valiente que conozco y mirá que para que yo diga eso… pero bueno, quiero decir que somos buenos en lo que hacemos, sabemos lo que hacemos. ¿Vos, princesita de cuento jugando a ser policía, lo sabes?- volvió a increparla, mucho más incisivo, mientras Pipa tragaba saliva para evitar que las emociones la traicionaran.
No podía ceder ahora, no cuando había estado tan cerca.
-Yo.. Eh.. perdón, solo quise ayudar.- dijo sin atreverse a mirarlo.
-¿Ayudar? ¿En serio? Porque hiciste justamente lo contrario. Arruinaste una operación de meses y ¿cuanto llevas acá? ¡Ah, solo dos días!- agregó desplegando todo su machismo y arrogancia contra ella.
-Mirá, querida, no se porque te hiciste policía y francamente no me importa, pero de algo estoy seguro, no podes soportar una autopsia, no podes reaccionar frente a un sospechoso y no sabes trabajar en equipo, Definitivamente este no es un lugar para vos ¿por qué no probas en tránsito o mejor.. En la biblioteca de la policía, a lo mejor ahi podes seguir las normas.- le dijo justo cuando la puerta del despacho de Zárate se abría y ella intentaba evitar mirarlo.
Podía soportar el destrato de todos menos el de él, pensaba conteniendo las lágrimas. No sabía lo que iba a decirle, pero de seguro no sería nada bueno y, sin embargo, su silencio le dolió aún más que cualquiera de las palabras que había oído en boca de Correa.
Fue un silencio tenso, Pipa podía sentir que la miraba, pero no podía devolverle nada.
Entonces, contrariamente a lo que debería haber hecho, volvió a caer en la misma táctica que la había llevado hasta allí en primera instancia.
Huyó.