Sin poder contenerse el beso se volvió tan poderoso como acelerante. Como si ambos hubieran regresado a la adolescencia en ese mismo momento, sus manos se recorrieron con premura, sin pedir permiso, deshaciéndose de la tela que estorbaba en cada rincón. Los brazos de Lorenzo presionaban su cuerpo mientras sus dedos marcaban un sendero que ya conocían. Su cintura, su espalda, sus caderas. Necesitaba tenerlo todo. Pipa por su parte había enterrado sus dedos en su cabello, mientras exploraba nuevos recovecos de su boca. No recordaba haber tenido la necesidad de besar de ese modo nunca en su vida, sentía que no podría seguir viviendo si no lo hacía y él lo agradeció. Con sus cuerpos encendidos, los movimientos aumentaron su ritmo. Él la levantó para apoyarla contra uno de los troncos mien

