[ZEHRA] La madrugada tiene otra textura cuando una está escondida. No es solo la oscuridad ni el silencio: es una tensión constante, espesa, como si el aire estuviera esperando que algo se rompa. Cada crujido de la casa me parece una advertencia, cada sombra un error posible. Afuera, la ciudad duerme con una tranquilidad que ya no me pertenece. Adentro, yo permanezco sentada en la penumbra del salón, envuelta en un abrigo que no alcanza a protegerme ni del frío ni de todo lo que me atraviesa por dentro. Jordán está de pie junto a la ventana desde hace rato. No se mueve. Vigila la calle como si pudiera anticipar el peligro con solo mirarlo fijamente. No necesito girarme para saber que está tan despierto como yo, tan alerta, tan consciente de que esta noche no es una más. Desde que dejó de

