[JORDÁN] El calor de la tarde cae pesado sobre Zúrich. El aire huele a asfalto caliente y café recién hecho, pero yo apenas lo noto. Camino con las manos en los bolsillos, las gafas oscuras, el gorro bajo. Me mezclo entre la gente, como un fantasma que aprendió a caminar entre los vivos sin dejar huella. No tengo un destino fijo, solo una cadena de contactos que podrían darme fragmentos de la verdad. Leonardo se mueve como una sombra: rápido, limpio, sin rastros. Si quiero que no nos atrape y poder encontrar su debilidad, tengo que pensar como él. Llego al barrio financiero. Edificios de vidrio, relojes de lujo, autos que cuestan más que una vida. El tipo de escenario donde San Román se siente cómodo. Entro a una cafetería discreta, una de esas donde los ejecutivos cierran tratos con un

