Linda, la matriarca de los Falcone, estaba sacándose el maquillaje. Ya estaba en camisón. Cuando terminó se puso crema en la cara. —Estás muy silenciosa mí amor— dijo Mike, su esposo, y puso sus manos en sus hombros dándole un beso en la coronilla. Y olió su cuello. —Mikeeee —¿Queee??? —Están los niños por toda la casa... —¿Te refieres a los pequeños o a los grandes??? Linda sonrió, se levantó y abrazó a su marido, sin tacos éste le llevaba casi una cabeza. Alzó su cuello y él tomó por asalto sus labios, luego siguió besándole el cuello y le apretó el culo. A pesar de que habían superado ambos los 60 años, seguían tan sexualmente activos como siempre. Bueno, habían tenido diez hijos descontando los dos primeros que murieron. —Tu piel sigue siendo tan suave...y tú culo igual de firm

