Zaid Había salido cientos de veces de esa tienda, y el paquete que cargaba nunca había pesado tanto. Me senté frente al escritorio de mi oficina en el piso subterráneo del Café y le avisé a mi socio que había llegado, después llamé a Kaamla, necesitaba estar con ella un rato para olvidar la mierda del mundo exterior, y que el día de hoy todo él puto mundo había decidido ignorar mis llamadas. Mientras esperaba que subiera pensé en la caja Haram, como yo la llamaba. Era donde guardábamos todo el dinero obtenido de las cosas que pasaban en el -3, y aunque a Oliver lo ponía de nervios manejar tantos billetes, la mayoría de los pagos eran en efectivo. Cada vez que nos pagaban, dividíamos la ganancia en tres partes y las guardábamos en cajas fuertes. Oliver y yo las guardábamos en nuestros d

