Se le fue encima como pudo y lo enderezó, la marca en el pecho comenzó a extenderse por su torso y cuello, como las raíces de un árbol, de un rojo cada vez más oscuro. Luke comenzó a gruñir y a apretar las mandíbulas con propiedad. Para el rubio se sentía como si se estuviera quemando por dentro, como si una daga de plata se hubiera clavado al centro de su pecho, y el dolor lo destemplaba todo, avanzando a su paso, haciéndolo gritar y removerse sin control. Su cuerpo comenzó a sudar gruesas gotas de sangre, y el aire que usaba para balancear su mente empezó a faltarle. Sintió un correntazo en la espalda, otro en la parte trasera de la cabeza, y los gritos se agudizaron. La puerta del cuarto se abrió de un golpe, Denisse entró y quedó escandalizada al verlo. Tras ella, Marco abrió los oj

