Luke se mordió el interior de la boca, y el sabor de su saliva de sangre se regó como un amargo ácido en su interior al tragar; un frío más abrumador que su propia podredumbre lo invadió desde los pies, tensándolos, y entró por los dedos de sus manos. Se mordisqueó entonces el labio inferior, sin dejar de ver al menor, pero casi sin poder sostenerle la mirada. En el pasado, él jamás le había hablado de esa forma. Siempre solía ser diligente y sereno, incluso cuando ambos no estaban de acuerdo con algo. —Sabes por qué me fui. Tú, más que nadie, lo sabe —se lamentó en un hilo de voz. Tragó duro y apretó los dientes. La atmósfera alrededor se templó más y más, hasta caer sobre ambos como pesadas cargas. En los ojos miel del rubio, Blaise vio con claridad sus pensamientos, la sorpresa y el

