—¡Señor, cuidado! Luke escuchó el grito de Blaise, y se dio cuenta de que él se le venía encima. En menos de un instante, sus sentidos detectaron el fuego y, al mismo tiempo, cosa de sus instintos, los cubrió a ambos con aquella espesa masa negra producto de su magia. La explosión inundó la calle con sorpresa, y los que caminaban por ahí cayeron al suelo, impresionados; el resto de los autos se detuvo, y los pedazos de limusina volaron por los aires y cayeron por todos los derredores, junto a una bola negra que se arrastró por la calzada hacia un costado. El escándalo creció, tanto como las llamas y, cuando el manto n***o se dispersó, Blaise se puso de pie y en guardia con rapidez: desenvainó la espada y la tomó con ambas manos, inundándola con su sangre al instante; sus ojos brill

