Samantha se despertó al día siguiente cerca del mediodía. Se percataba que estaba durmiendo mucho más de lo habitual, tal vez, por el embarazo. Se cambió y bajó al comedor aún con pereza. No quería seguir acostada porque los músculos se le pondrían rígidos. Se sorprendió al encontrar a Robert en el comedor atendiendo llamadas telefónicas y revisando documentos. Lo creyó en el trabajo. Se sentó en su puesto, donde ya estaba preparado un servicio, y se alegró cuando pusieron comida en la mesa. Enseguida comenzó a servirse. —¿Despertaste con hambre? —preguntó Robert al terminar su conversación. —¿Me estabas esperando para comer? —Sí y no. —¿Cómo es eso? —Pensé que te levantarías aún más tarde, tienes el sueño pesado. Tuve que moverte porque pensé que estabas desmayada y me diste un m

