El suave ronroneo del motor del auto es roto mayormente por las irregularidades en la carretera que lleva a casa de Siena. Las suaves sacudidas me hacen sonreír y no sé realmente por qué, pero se siente tranquilizador, como si mi mente reconociera este lugar como mi espacio seguro, mi hogar, donde soy feliz. Dante conduce relajando, silbando al ritmo de una canción suave que suena por los altavoces, mirando al frente todo el tiempo y con un brazo apoyado en la ventanilla. Ya estamos llegando a la villa de Siena y me digo que tengo mejores cosas que hacer que pensar de más en lo mismo. Ya he ocupado mucho tiempo dándole vueltas y vueltas a todo, es hora de relajarme, de estar con mi leoncita y su familia, de sentir el arropo de la mía, sin que las emociones me embarguen y me hagan querer

