Sentada mirando un punto inexistente, no puedo evitar que mi mente vuelva a aquella mañana en la casa de los West. Creí que me odiarían, que me reclamarían y hasta que se volverían en mi contra, pero en lugar de juicio, encontré comprensión. Cuando la señora Abigail se acercó a mí, con sus ojos llenos de lágrimas, y me abrazó con ternura, transmitiéndome todo su amor y compasión, entendí que pese al dolor que estaba sintiendo, ella siempre estaría ahí para apoyarme, sin importar lo que suceda. Igualmente, el señor Ares, que con su temple, me demostró su apoyo y un amor profundamente fraternal que, hasta ese día, no sabía que sentía por mí sin ser nadie en su familia. Esa consolación y ese entendimiento fueron un bálsamo para mi alma. A pesar del dolor y la tristeza, de lo difícil que fu

