Los acordes de la guitarra de Apolo se escuchan en el fondo del estudio y la voz de Paula llena la cabina cuando canta lo último que se les ocurrió agregar a la pista ya casi lista. Miro a través del cristal, sintiéndome en parte conforme porque todo comienza a fluir como debe. Es un alivio que Apolo se sienta lo suficientemente animado para regresar a lo que le gusta y que esta vez se sienta en él ese cambio que llevaba años necesitando. Sé que le falta mucho por superar, me gustaría ponerme en sus zapatos y aliviar un poco su carga, pero hay decisiones que se vuelven cruces sobre los hombros de quienes asumimos un rol. Él asumió el suyo, le costó abandonarlo y ahora, a pesar de que cada día es un paso más, todavía le quedan cosas que dejar atrás. Reviso el correo con la última prop

