Salgo de la oficina insultada por la actitud de Duncan. Gracias a todo lo que es bueno, luego de regresar del almuerzo, él no está en la oficina. Glenda tuvo que lidiar con mi humor por culpa de ese narcisista de primera. Y aunque estuve por decirle en varias ocasiones lo que pasó, me contuve. Ya mi amiga no lo tolera, no necesito que me ponga más de los nervios. Y sí, entiendo sus recelos, ya está dejando su cara de perfecta clase descubierta, pero no puedo lidiar con más que mis propias emociones. «Será que Glenda siempre se dio cuenta y por eso nunca lo ha tolerado?». Hago una nota mental para persuadirla en la próxima conversación a ver qué piensa realmente de nuestro jefe. Avanzo a paso seguro. Llevo conmigo todo el trabajo que tengo pendiente solo por no tener motivos para ver

