Me relajo sobre el asiento, sacando mi móvil para responderle a mi mujer, aprovechando la calma. Pero no puedo pasar por alto la declaración de Ana y lo que pienso de eso. —Tú manejas todas mis cuentas —respondo con mis ojos fijos en la pantalla, siguiendo con el tema—. Tú tienes acceso a todas ellas, ¿no? Pues es sencillo, tú ordenas, tú pagas al sicario, yo finjo demencia. —Vuelve a reírse, yo dejo que la diversión me recorra el cuerpo también—. O quizás, alguien tan preparado como Yael nos hace el favor de gratis, por cariño a mi agente y mejor amiga, Ana Camp. Ya que anda muy conversador, quizás se anime a confirmar que acepta la participación. El frenazo es inminente. Ana choca con el asiento del copiloto, a mí se me cae el móvil. Los dos maldecimos a Yael, ella más que yo. La escu

