Me quito de encima de Yael y me dejo caer a su lado antes de desmadejarme sobre él. Necesito recuperar la respiración y mi puta cabeza. La sangre corre rápido por mis venas, mis oídos palpitan y la garganta me duele por respirar tan brusco y entrecortado. La adrenalina persiste, el sudor cubre cada centímetro de mi cuerpo y siento el sabor de la sangre caliente en mi boca. «El hijo de puta me partió el labio». Cierro los ojos y dejo que cada mal pensamiento salga de mí. Me permito aliviar mis cargas y debo decir que, al menos, siento que logré algo. Lloré a mi hija no nacida. Lloré el haber perdido a Amalia cuando pude tenerlo todo. Y saqué de mí este sentimiento de decepción y rabia que me provoca el saber que todos estuvieron al tanto de esa verdad. Que mi maldito hermano gemelo

