En sus pequeños comentarios de odio hacia Bonaire, comprendía lo mucho que Emilia detestaba esta isla. Habíamos convivido por poco tiempo y le había escuchado los necesarios para entender que esto se trataba de un patrón. Un patrón que ingenuamente no podía comprender, y que contrariaba en mi ignorancia. Lucía como un sitio pequeño y encantador. Pero rememorando lo vivido hace unos instantes en la posada de Jesús, solo puedo decir que me unía al bando de Emilia. Era como ella decía, esto parecía un infierno lleno de aros en los que iría cayendo de no cuidar mi propia locura. Desde que le pedí que arrancase, no es que le he dicho nada más. Tampoco es como si tardásemos mucho en llegar a su casa, cuando decía que todo quedaban cerca, es que todo lo hacía. —¿En cuál lío te metiste ahora Fél

