El horror que está expresando mi cara debe ser asombroso. Pero soy afortunado de que, por la hora, Emilia haya caído rendida en el sillón ese. Verla con los brazos cruzados y su ceño de bulldog rabioso aun durmiendo me tranquiliza. La calma igual no dura nada de tiempo, porque mientras más leo la pantalla, peor se pone la situación. Me voy al inicio del chat entre los dos para entender el contexto de mi relación con esta mujer. También refrescar memoria. Yo le había escrito en primer lugar un martes, mi tono era sin esconderlo coqueto, y el de ella, correspondiendo a ello. Se hacía referencia a lo que había pasado después de la boda, que suponía era tener sexo. No había miles de mensajes. Sí algunas decenas. Sacando cuentas desde mi llegada a Bonaire y el inicio de esta comunicación, fuer

