Narrado por Emilia Santoro Desubicada. Incómoda. Ridiculizada. Así era como me sentía pretendiendo que dormía en este sofá de la comisaría. Tras esa persecución en la que Diego no fue el único que creía no sobreviviría, presencié una de las escenas más conmovedoras que vi en mi vida, y una de las más patéticas. La conmovedora fue Diego reuniéndose con su madre y padre en ese abrazo cálido. Allí supe que era un llorón porque sus padres eran igual a él. Fue lindo observarlo tan feliz, y aliviado. No sabía en qué noche delirante me comenzó a alegrar el verlo feliz. Sin embargo, esa sensación de regocijo se convirtió en desagrado al verlo también siendo abrazado por… una pelirroja. Una pelirroja con la cual no compartía ningún rasgo físico, y a la que sospechosamente no abrazo de vuelta.

